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13 de julio de 2013

Para caminar

Cruzaban las calles llenas de polvo y cenizas, llenas de Eliécer Cárdenas. Multiformes 
circunstancias las reunieron a dicho acto.  Una de las tácitas dos muchachas que cruzaban las calles se quejaba del excesivo lodo que manchaba sus zapatos color lavanda que, según decía ella , tenían el mismo olor (seguro cuando recién los compró). La otra, de estas dos anómicas, se quejaba de que la otra se quejara. La primera al oir las quejas de la segunda le gritó que eran zapatos muy caros. La segunda le respondió que sólo eran zapatos y que para caminar se hicieron. La primera indignadísima (sí, con superlativo), con la respuesta de la segunda, alzó la mano y tomó un taxi. La segunda suspiró resignada y siguió caminando porque ni para el bus tenía. 


En un mundo ideal comeríamos pan con cola mientras escuchamos a Sven, 

Aururu

4 de enero de 2013

UIO


-¡A mí no me llevan, a mí no me llevan! – gritaba desesperado intentándose zafar a cualquier costo.
Sus harapientas ropas hacían que les sea más fácil agarrarle, coincidentemente este escudo de ropa solo le era un estorbo para poder escapar. El toletazo no se hizo esperar, chilló como mujer en plenas contracciones. Varias personas de la multitud del otro extremo de la calle regresaron la vista, incluso aquellas que iban ya cambiando de dirección en la esquina lejana.
-Señor, venga con nosotros por favor. – repitió el azul uniformado con tono mandante, el otro a su lado iba a levantar de nuevo el tolete. La otra de azul - que como se ve había sido mujer dado que era más pequeña que otros dos, ostentaba su recogido cabello por detrás sin mencionar dos buenas razones por su pecho delantero para reconocer su sexo – parecía que les susurraban que no le den un nuevo toletazo.
- No, no, no – la última sílaba se le fue el deje de borracho.
Dejando la dignidad que llevaba en su mano –dígase una botella de vino Campiña- entrecerró sus dedos y dirigió un contundente puñetazo a la parte más sensible de uno de aquellos que tratan de retenerle. Menos mal el horóscopo le favorecía y acertó.
-Hijuepu… - sin acabar de completar el murmullo se agarró cargado de dolor su entrepierna, la mujer se distrajo, el otro hombre también.
Pero la maniobra de escape se le fue al caño cuando trató de correr y en sus mismos harapos se tropezó. El hombre que no tenía dolor le agarró en el piso, con una breve indicación la mujer le empezó a rebuscar de pies a cabeza. Le mandaba mano hasta más no poder, un contacto que parecía casi sensual pero que perdía gracia por las circunstancias. Una pequeña funda le alcanzó a requisar, más allá también le palpó un pan rancio, en otra esquina unos centavos y en otros lugares dos mini botellas de trópico seco. Con el tiempo apremiando le quitó las dos botellas y la fundita, inconfundiblemente era hierba; inconfundible y más para una curuchupa que se dice limpia de drogas y se porrea entre fines de semanas de depresión. Con prontitud le indicó a su otro compañero que ya estaba hecho. El adolorido ya se había recuperado y ahora trataba de dispersar a la temprana formación de una multitud. Claritos siempre son en la formación: “Eviten escándalos señores”. 
Le ayudaron ahora con delicadeza a levantarse y hasta le sacudieron el polvo el piso que no podía realmente mejorar el estado de sus ropas. El individuo les miró con desprecio. Los de azul le dedicaron agradecimientos por su colaboración y le ofrecieron acompañarle ahora a su “hogar”. El harapiento se burla por interno, qué mierda sabía estos sobre su “hogar” como si no supieran que en realidad no tienen uno, que su cama son breves siestas durante toda la noche huyendo de ellos mismos y de esos guardias nocturnos de las plazas “patrimonio cultural”, en las cuales, gente como él era inaceptable, inadecuada, una peste. Se renegaba aún más de que fueron estos tres de hoy prepis sin remedio. Vayan estos prepis a saber lo que realmente es pasar vergüenza, estos que se creen policías y no son,  pero que se creen dioses de estas calles mugrientas y empedradas con dejes del pasado pero con aspiraciones de metrópolis. De cualquier forma se manifestó inmediatamente en el ambiente (como si fuese un implantado instinto sin distinción de clase, sexo, género, raza, y melaza) la hipocresía. La hipocresía disfrazada de tolerancia que les hizo mirarse a los ojos y mantener una comunicación silenciosa con las siguientes palabras: “Váyase mejor sin escándalo, nosotros nos vamos también y nada pasó aquí. No se busque problemas.” De nuevo el tolete en mano de los dos hombres de azul, hizo que discriminara aquella sugerencia (imposición) como la mejor opción.  

Ya  sin multitud, y cruzando al esquina ya bien alejado del suceso alguien se le comienza a acercar. Una negra bien formada, con camiseta amarilla, se le puede ver el obligo. El jean descaderado luce desgastado pero qué bien le forma. Él la siente venir, aminora el paso y la regresa a ver.
-Qué fue papaíto, me´io gacho le noto – el acento se le notaba menos si se concentraba en sus labios.
- Una tanda de maricones municipales que me agarraron – raspó su voz, enfadado.
- ¡Uy! pero si yo le veo en una pieza. – dale con el acento costeño. Él sólo resopló, le habían quitado la hierba, barata, pero hierba al fin y al cabo.  Luego sonrió, la perversión no se hizo ocultar.  Se acordaba que la mujer le había tenido que rebuscar, y que de seguro entre el toqueteo le había sentido excitado. Su motivación regresó, otra vez se prendió.
- Calle, calle. ¿Mejor estás libre?
- ¿Para usted? Depende – la pregunta obvia era implícita.
- No jodas que si tengo.
-Bueno papaíto, pero no se enoje.
El par se alejó ahora a un lugar medio privado en unos baños públicos poco conocidos. Los dos eran medios opuestos, pero se llevaban bien. Los dos tenían este sentimiento compartido de odio a la ciudad, de amor, de desesperación. Porque vinieron buscando buenos días, porque les dio la misma ciudad en algún tiempos esos días buenos, porque luego les escupió la ilusión en la cara, porque ahora sólo eran una peste. El harapiento era divorciado que había salido de Cumbayork a parar en la Mejía por la puta abogada de la exmujer. La negra era una modelo en Pedernales, hasta Miss por su provincia llegó a ser, pero se negó ser poseía por el dueño de la agencia para seguir avanzando; ahora vivía de aquello a lo cual se había negado. El harapiento pensó: “Curuchupas de cuarta categoría, la vida del hereje es más sabrosa.” Enhorabuena la municipal no le había también quitado el pan rancio, ahí tenía la plata para la negra.

Ivan Egüez me enamora,
Aururu

8 de noviembre de 2012

Rreirr


-        Simplemente no lo sé, señor.
-        No me venga a ver la cara de cojudo Ramírez – le dio otro fuerte golpe en la cara.
-        Señor, es en serio... A menos que prefiera que le mienta. – Ramírez esbozó una extraña sonrisa. Sin previo aviso su cabeza fue bruscamente tomada por el poco cabello que le queda, entre mechones que no se los cortaron bien, y hundida dentro de un pequeño cubículo del tamaño ideal lleno de agua. Pocos segundos dejaron de presionarle para halarle con fuerza en orden de mostrar su rostro mientras recuperaba la orientación que otra vez podía respirar.
-        ¿Como es esa cosilla de “a menos que prefiera que le mienta”  Ramírez? ¿ah? – preguntó el imponente tipo entre casi susurros.
-        Todo lo que recuerdo lo recuerdo mal, señor.  – contestó Ramírez impasible y casi divertido, reprimiendo carcajadas que llenarían todo la vacío y tétrico espacio de mala imitación de escena de interrogatorio.  Otro golpe fue recibido. Esta vez lo dejó un poco desorientado.
-        ¡Anda con tus excusas mediocres a otro lado, inútil de mierda! – le empujó, y cual jarrón sin vida con ruidoso estruendo sus huesos de la cara más próximos fueron a golpear el piso, junto con muchos otros músculos del cuerpo amarrado a la silla.
-        Con que me llegue a enterar que sí sabías Ramírez, te cago - esas palabras fueron como si quisieran violar y matar sus oídos, de alguna manera lo hicieron temblar. Al sentir que lo arrojaban en una esquina de la calle más próximo su pequeño interruptor se activó y comenzó a reír. A reír sin parar, despertando probablemente a todos aquellos de sus proximidades, despertando a niños para vivir una pesadilla, despertándose de su letargo de vida.
Él sabía quién era el chismoso. Un chismoso que debería ser considera héroe por tener los huevos para mandar a avisar que este temible Pancho Portilla, el mismito que le había cogido entre cuatro, era quién hacía las cuentas chuecas con comas y divisiones demás. Obvio, todo para conseguir plata pero a qué no adivinan para qué: para porros y mujeres. Y se suponía que el Portilla era el más correcto de todos y que algún día llegaría ser ejemplo nacional.
Otra vez las carcajadas le empezaron a resurgir. La estupidez de la realidad giraba ante este peculiar suceso. Los perfectos que son imperfectos, los imperfectos que siguen siendo imperfectos pero que automáticamente son rechazados. Los cuerdos que consiguen empleo para robar para supravivir, y los locos a quienes no les dan empleo y tienen que robar para tratar de vivir. Los diferentes sarcasmos de reír a grandes carcajadas estando moreteado.  Las grandes irónicas de saborear este tipo de dolor como el añorado dulce que la madre no compra al hijo berrinchudo.  Y se dio cuenta que estaba en medio de una especie de comedia de bajo presupuesto, en la cual tenía que interpretar al payaso y espectador. Sólo el maquillaje le faltaba porque la psicótica sonrisa de ironismo no se le quitaría en mucho tiempo.
Porque seguiría riendo para no llorar. Riendo para no quemar. Riendo para no matar.




Venga bueno va, esta tía a venido para algo,

Aururu

15 de octubre de 2012

Divagantes lluvias


Llovía. Llovía como algo cotidiano en mes de octubre frío casi descolorido. Un mes  casi de magia, el cual hacia que el amarillento color  del césped, que dañaba los ojos, se trasformase en verde apacible. Un verde que casi te sedaba y hacía que camines automáticamente rápido, esquivando los charcos y aumentado distancia entre la gente de la calle por los paraguas. Aumentado distancia entre la gente desconocida, entre la gente conocida, entre la gente por conocer. Una mística narradora se presenta desde el asiento detrás de una casa, donde la lluvia no le toca, o por lo menos eso es lo que aparentaba, que la lluvia no le toque.  Cuando te empieza a tocar es que empieza algo más profundo, ese leve toque que es como si se comenzara a cavar una zanja con golpes de aguja.

Esta, la narradora, se harta de mirar y va a experimentar. Se va a sentir la lluvia en lugar de imaginarla solamente. Se levanta con algunos achaques de dolores inventados, piensa en si debe o no ponerse zapatos, concluye que “hoy a la mierda todo” para posteriormente sacarse su blusa para que su pecho ,sostenido por delgadas telas conjugadas con encajes, experimente también el traqueteo que siempre se oía como impacto de dichas gotas de lluvia con el techo.  Antes de salir por un momento duda en hacerlo, pero era un patio privado y si así no lo fuese si no lo hacía hoy, la lluvia, esa lluvia que veía siempre por la ventana no iba a dudar para siempre. Salió de la habitación,  recorrió su camino hasta la puerta que le daba su objetivo. Empezaba a llover más fuerte. Otra vez dudó, no era moralmente correcto salir semidesnuda, hablando exclusivamente de su parte torácica y descalzos pies, a la luz del sol. Un pecado de lo más gravísimo entre los diversos niveles de desnudez que condenados eran, pero se volvía a repetir “hoy a la mierda todo”.

Abrió así pues la chapa, que casi por instantes se resistía a dejarle salir, para encontrarse efectivamente con la tormentosa lluvia que no parecía enojada, más bien se extendía a sí misma para dejarle al libre goce de nuestra narradora. Y nuestra narradora se repitió de nuevo “hoy a la mierda todo” para abrirse cual virgen excitada a recibir desesperadamente a la lluvia en su cuerpo. Y las gotas empezaron a caerle. Primero fue una, luego dos seguidas, pasaron a ser veinticinco y se trasformaron en más de  quinientos cuarenta y cuatro. Al principio el dolor del impacto de la pequeña primera molécula del agua recorrió con intensidad todos los receptores sensitivos de nuestra narradora; pero a medida que se expandían este dolor se trasformaba en puro placer. En exquisito manjar que casi hasta se podía gemir de la emoción, la intensidad de sentirse rodeada casi toda por el agua por el aire, por la lluvia que la bañaba casi como para transformarla en diosa sin mancha.Empezó a chillar, a gemir, a gritar, a dar vueltas, a sentirse casi poseída por el fenómeno metereológico que hasta parecía que violaba cada poro de su piel. 

Pero tal como vino, de repente la lluvia paró.

Nuestra narradora se encontró pues mojada, ahí, parada en busca de más. En busca de acallar deseo innato de continuar con aquello que cualquier tipo de satisfacción nos brinda. Pero ya no había más lluvia, ésta ya había parado. Y si volvía a llover, no sería la misma que la había cobijado como amante e hija pródiga a la vez. Sería una lluvia diferente, en última instancia la misma molécula de agua con casi el mismo enlace entre sus componentes; pero con diferente tipo de origen que aunque seguramente pareciere la misma, nunca llegaría a ser completamente igual. Y comenzó a divagar sobre cuán diferente hubiera sido este preciso momento si no se hubiera atrevido a salir semidesnuda a mojarse entre la lluvia que la llamaba. Quizá no estuviera sonriendo como tonta, sino estuviera con neutral rostro en frente de la lumínica pantalla del ordenador dos metros adentro. Todo hubiera sido diferente. ¿Ella sería diferente en ese instante? Pero por supuesto, cada día envejecía para morir, era obvio que era diferente, que siempre se trasformaba en algo efímero.

De algo estaba segura la narradora, tenía frío y por ahora necesitaba una toalla para no tener pulmonía. Secarse era la necesidad inmediata alejada de toda matriz filosófica. Después de todo la pulmonía no le iba bien, sin mencionar que no tenía dinero para el médico ni para las medicinas. Medicinas. Putas medicinas.  Lo verdaderamente  necesitaba era morfina para los pensamientos o un narcótico de conformidad; quizá así dejaría de divagar tanto y viviría más. Quizás viviría más… 


Para mi amado padre, en su cumpleaños.




El nervio trigémino se divide en tantas cosas que hasta parece medio polígamo,

Aururu

17 de septiembre de 2012

Diosas sin vestidos


Gota, gota. Pero no hay lluvia. Gota, gota. Sólo hay sol. Gota, gota. El bosque se quema. Gota, gota. Las llamas se extendieron, los bomberos no llegaron, mi casa en llamas, mi pierna amputada.

Malditos pirómanos, era lo que la gente decía.

Entonces maldito era yo.

No calculé que todo se saldría de control. Pero era inevitable, esos cerillos me llamaron, el cigarro me pedía sensualmente que lo dejara en medio de esa paja, el fuego excitantemente me llamaba para que lo observara, para que lo deseara.

Le pintan de naranja, de rojo, de amarillo; idiotas que sólo quieren retratar la pasión y no pueden lograr captar la hipnosis que el fuego posee. Esa hipnosis de invisible blanco de la llama que necesita impalpable oxígeno para sobrevivir.

¡Déjenla crecer, déjenla crecer! ¡Ignorantes, deben alimentarla!

Miro hacia el aparente blanco de la pared del hospital. Imitadores sin realidad del fuego. Observo el vació de mi pierna izquierda. El doctor ingresa, me informa que me había desmayado frente a la inhalación de los gases de las llamas Que se les dice diosas, no llamas. Mortal. Posteriormente se cree que una de mis piernas había quedado atrapada por una rama que había caído toda carbonizada y parcialmente quemándose, y es ahí donde mi miembro inferior fue calcinado. No me pude evitar reír con grueso e improvisado tono. Me entristecía no haberlo podido sentir por el estado inconsciente, me regocijaba en que la diosa que tiene el infinito calor hubiera sido alimentada con mi cuerpo.

Debería intentarlo de nuevo. Después de todo yo ya no perdería nada y completaría mi hazaña donando todo mi cuerpo.  Regalando mi cuerpo al que todos llamaban: el infierno, pero que para mí era el indiscutible cielo.

Un cielo rodeado del blanco promedio, envuelto entre las desnudas bailarinas que no ven, bailarinas ardientes, a más grados que la temperatura del sol. 

Hermoso. Hermoso. 


Este relato irá dentro de Las Mentes Cuerdas, de seguro,

Aururu


P.D. Todo esto casi inspirado en los últimos y tan a menudo, acontecimientos de Quito. Porque Quito grita por lluvia, y algún quiteño debe rogar que no la haya. 

29 de agosto de 2012

Entre teclas y depresiones


La joven quiteña apartaba el prozac. Lo remplazaba por café, lo complementaba con programación de diseño, le añade estrepitosos sonidos a sus oídos introduciéndoles audífonos. Espera a que en algún momento ella aparezca de nuevo.

-No deberías beber ya tanto café – la reprende señalando el jarro con la bebida ya fría.

-Si luego empiezo con síndrome de abstinencia no te quejes – le replica secamente sin dejar de ver la pantalla de la computadora.

-No es eso, te esta doliendo. Te duele y sigues tomando café, tonta.

-Entonces ven, sé mi droga. – le replica aún sin regresar la vista.

-Siempre soy tu droga. – le susurra en el oído.

-Sí, lo sé. Lo siento me olvido de que tú me alimentas, mi  Dínole. – dijo regresando a ver a la nada de su cuarto.

-Que sea sólo parte de tu imaginación no significa que no exista. – replicó la voz que siempre se encontraba a espaldas suyas.

-Lo sé, perdón preciosa. – respondió volvió la vista al titilante cursor de la pantalla, la programación de la interactiva página aún no estaba completa.

Su perfecta Dínole, era cambiante como una estatua. Tarareaba junto a ella cada canción que cantaba. Su Dínole que en la realidad sólo de aire estaba compuesta, que en la realidad sólo era la idea de un perfecto humanoide hecho exclusivamente para ella, algo que por su perfecto combinación hipocampal con la tecnología era tanto humano como máquina. Algo que en una era como la suya no podía existir, algo que la transformaba en loca, en con tendencias psicóticas, en alguien antisociable; pero en última instancia en alguien feliz porque ésta, su imaginable Dínole, le apartaba del hueco de soledad que trataba de comerla con ferocidad. 

Los disque “entendidos de la materia”, le había dicho que sufre un trastorno paranoide cuando ella la presentó. Sus padres creyeron que al principio todo era una broma para simular un amigo imaginario. Simples mortales que no entendían su infinita y real presencia.  

Dínole para los demás no existía. Para ella era su todo. 




Quería sacarle a Dínole de mi cabeza, es medio real,

Aururu

20 de junio de 2012

Victoria III


Hoy me le declaré a la Victoria.

No sé que me pasó, veíamos el fútbol, la Eurocopa . Todo bien con amigos y amigas de los dos, porque ya me quité lo espantado de encima y le hablé más allá del saludo. Y le hablé, y le pedí el número, y ella me pidió el mío; y nos escribíamos y nos hablábamos y nos veíamos…

Y nos veíamos.

Y ya pues, hoy justo en el fútbol se me ocurre decirle. Se me ocurre llevarle a un rinconcito en medio del segundo tiempo, ella chupándose un dedo de salsa de nachos estaba; yo me la agarré para contarle según le dije algo sumamente importante. Ella toda preocupada me siguió viendo mi cara de angustia, ¡qué cara debí haber tenido! y luego toda asustada me pregunta que qué pasa, y yo espabilado sólo le podía mirar y ni una maldita palabra me salía de la boca, toda esa euforia del Gol que me hizo decidirme decirle se había ido y yo que me mandaba al carajo en mi mente por ser marica. ¡Una chica no más era! A cuántas no me le había declarado antes, a cuántas no era antes que les he dicho que eran bonitas, preciosas, que les había echado los perros y habían caído de una. Pero no, con la Victoria no podía. 

Es que era la Victoria.

La Victoria que era todo un misterio, la Victoria que sonreía a lo lejos a todos, la Victoria que puccha además de bonita media inteligente había salido. La Victoria que era otra historia diferente, que de pies a cabeza me hacía que temblara, que hacía que mi ego se desinflara como globo llenito de aire pinchado por aguja puntiaguda.

Pero ya nada, ahí creo que le grité. Le grité que me gustaba, que le quería, que quería tener algo con ella. Que como amiga ya no quería tenerla. Que la necesitaba más que nada, que quería que mi novia fuese.

Y ahí estaba pues ella transformando la sonrisa que al principio de todo me brindaba en un a sorpresa y rubor, para pasar luego a ser línea rígida y tensa en sus labios. La primera reacción me la esperaba, era algo natural. Pero esa línea rígida no era señal de conquista, eso era seguro. Y la duda me llegó y se confirmó cuando la Victoria me decía las dos palabras pues, esas dos palabras que todos nosotros que somos locos y enamorados no queremos ni leer, ni escuchar ni ver: Lo siento. Ese “Lo siento” que te deja en la “zona de amigos”, pero peor que eso es escuchar luego de ese catálogo de “zona de amigos” que todo el tiempo ha tenido novio.

Eso si me cayó como baldazo de agua fría. ¿Por qué madres no se me ocurrió preguntarle si estaba amarrada? Era para pegarse un tiro en la mano y luego ponerle limón y sal. Qué idiota, carajo. Yo bien tonto que no le pregunté desde el principio, yo de gana que me hice ilusiones. Qué idiota, ¡qué idiota, pucta!

Pero algo no encajaba, la man no tenía ese mirada de “lo siento solo te quiero como amigo”. No, nada que ver. Tenía mirada de “Mierda, te quiero pero no puedo estar contigo”. ¡Tenía esa bendita mirada! Ay, cómo me latió el corazón de tristeza y de alegría, cómo me regocijé y me entristecí, cómo subí al cielo y caí de picada infierno y viceversa. Y viceversa.

Yo sé que me quieres Victorita, lo veo en tus ojos. Y lo siento ahora que me estás abrazando toda arrepentida. Yo sé que me quieres… ¿Por qué no me quieres aceptar que me correspondes? En el fondo se escuchaba que había metido otro gol y todos vitoreaban alegremente. En cambio aquí la Victoria lloraba en mis brazos que la esperaban tenerla de otra manera.

¿Por qué Victoria, Victorita? ¿Por qué?




Oniria encuentra a Insonmia, los dos se llevan bien -Love of lesbian,


Aururu

18 de junio de 2012

La opción que se nos escondió

Texto escrito para la cátedra de "Desarrollo del Pensamiento" 
UIDE 2012

Vendrán a pensar los entendidos y sabios, que la sociedad está más podrida, más fea, menos unida. Vendremos nosotros, los jóvenes, adrenalínicos humanos, a tratar de callarles la boca cuando tienen en realidad mucha razón.

¿Valores? ¡Oh, sí Valores! Esa palabra que se nos escapa como moralistas bien formados. Hablamos de valores en todos lados: en la calle, en la casa, en la familia, en nuestro lugar de trabajo, en nosotros mismos. Valores que según dice se fundamentan cuando somos chiquitos, que se abstraen como néctar en todas nuestras acciones y que finalmente se ven como surgen cuando la “juventud” nos ha tocado la puerta de la vida, de la edad.

Pero ¿hablar de valores en la juventud? Osadía diría yo. Osadía que el ecuatoriano viene a tomarse para creer que la “moralidad” es el meollo de la vida de los jóvenes. No, a los jóvenes se nos planta una sola idea en la mente cuando se nos quiere empezar a formar en lo que será este trajín de sociedad, de trabajo, de fundamental dinero. Se nos planta la idea de “ser exitosos”

Y ser “exitoso” implica el “egocentrismo del yo”. Y partiendo de ese punto, simplemente no podemos decir con autoridad que vivimos en una “sociedad fundamentada en los valores”. Se nos impone para alcanzar esta “idea” del “éxito total” el sentido de egoísmo, que aunque no lo notemos es algo que aparece en nuestra no consciencia, se reproduce y multiplica, y cuando nos damos cuenta todas nuestras acciones se ven basados en estos silenciosos componentes de egoísmo, que trascienden en el miedo, en la ira, en la impaciencia y en la mediocridad y vaguería.

Para empezar a hablar de valores en esta nuestra juventud, primero debemos dejar de lado el exclusivo paradigma el éxito, empezar a formar nuestras mentes, apasionarnos en nuestros ideas y sobre todo considerar que aunque nunca nos lo hayan dicho “el fracaso” es una opción, y si esa opción se nos presenta: no significa el final del mundo.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.


Mario Bennedetti.

Así ahora que ya somos jóvenes, sería inútil solamente cambiar.  Debemos evolucionar, evolucionar para que las ideas sin cadenas que nuestros antepasados nos han heredado se fundamenten, se hagan realidad. Salir de la crisálida que nos encierra, y comenzar a transformarnos. Pensar que las ilusiones se pueden cambiar por realidad, y finalmente callar con fundamento a los ancianos curuchupas que creen que ya todo está perdido.

Mi nombre lo firma
18 de Junio del 2012, 

Aururu



7 de junio de 2012

Victoria


Para mi amigo baterista detrás de la pantalla, Feliz Cumpleaños.


Victoria es hermosa. Inocencia con fluorescencia su rostro es. Mírenla en su sonrisa, sus ojos violetas están. Bellísima se ríe delante del profesor, el problema de matemáticas no puede resolver. Se ríe de sus propios errores, de su torpeza de nervios, se ríe sin poder resolverlo. Dímelo, dime el producto del numerador. Ay, tan linda se la ve cuando sonríe. No seas mushpita, que al profe las sonrisas no le convencen para ser más paciente, mejor sonríeme a mí que yo te lo explico. Te explico las matemáticas, te enseño a coger el lapicito despacito para resolver el binomio. Me pregunto a qué se sentirán, a qué sabrán tus manos. Me pregunto qué miraré al regresar de la profundidad de tu retina, ah, tu retina que no tiene abismo. Y me toca pasar a la pizarra, Ay, las piernas me tiemblan y yo queriéndole mirar a la Victoria y las manos me tiemblan. Pero la voz no desfallece, firme debe escucharse. Me siento de nuevo terminado en ganancia esa pequeña lucha de números y la Victoria en las matemáticas sigue estando espabilada. Mírame a mí Victorita. Déjame ser una vez el que te haga sonreír, déjame preceder tu caminar y secretamente, en el cuarto de hora de coraje,  susurrarte “Vicky” para corriendo a mi llamado, ay Victorita, te transformes en victoria. 




Un minuto de silencio por todas esas mariposas en el estomago que el orgullo mató. - gitanourbano,

Aururu

17 de mayo de 2012

En la Sajonia compro mis joyas.


Venga pues a comprar, en la Benalcazar a caminar.
Lindo paisaje ofrece, hasta en la iglesia ha de poder entrar.
Mejor rápido, rápido; corra casi a la esquina. 
A lado de ese puestito de dulces y confites,
Encontrará a Doña Marget buscándole, ofreciéndole: 
“¿Anillo de grado quiere?, para mañana ya está” 
"Esclavas de Oro también tengo" 
"Una pila mi don, ¿de cuál es que quiere?"
"Un rosario de plata recién me llegó, bien bonito verá" 
Separe su joyita garantizada, 
no deje que le timen ni que agarrren
Ni le cambien su oro, por latón. 
La Joyería Sajonia, siempre a su disposición. 


Buscando viajar hacia la cocina,

Aururu.

30 de abril de 2012

Gritos


Mi hermano siempre me suele decir que odia, aborrece que grite.
Mi voz resulta ser demasiado chillona, y cuando me lo propongo puedo dejar casi noqueado a un individuo cualquiera que se haya colocado junto a mí (por gracia desgracia de las circunstancias) y no esté preparado para ensordecerse por algo parecido al pitido de amplificadores siendo ajustados de manera rústica. 
Por otra parte, suelo pensar que mis gritos desesfrenados, y casi esquizofrénicos, son lo único que realmente poseo. Porque mi propia voz muchas veces está completamente silenciada por un cubículo de uno por diez elevedo a la menos treinta y cinco metros cuadrados.  
Y mis gritos son la respuesta a necesidades anacrónicas a teorías desarrolladas mirando la baldosa de flores verdes del baño durante la ducha.

11 de abril de 2012

Ay, los del AndrésBello


Hoy me han dicho que no se me iba a aprobar Literatura y se me llamó a la oficina de la inspectora general. Tal delgadita que era parecía, que una de esas que se caiga del bacón por accidente, se le iba a llevar el viento como papelito de chupete.

-Señor Paz, el ministerio de educación dice que puede pasar sobre 12 cualquier materia pero  las normas de la institución por la excelencia académica no le permiten…

“No me permiten” me sonaba a prohibido, lo prohibido siempre es tentador ¿no? Como cuando estás con esas ganas de comerte el labio de la profe de Historia que habla y habla; oh sí, habla como condenada la man pero no como el de Filosofía aunque ese más que hablar escribe, escribe como hijo de su madre toda la pizarra con letra arial 7 no sé cómo lo logra, nadie lo sabe, cuando detrás de él la clase entera es un rebullicio que no hay dos es decir no es que sea ruidoso pero seguramente se sentía como el chisme que el Juanito había terminado con la Francisca se nos metía por ósmosis y a escondidas, a escondidas era lo todo lo que quería hacer y no hacía es decir lo prohibido; ah cierto está hablando la flaca.

-…permiten poder quedarse en la institución a menos que firme una carta de compromiso en presencia de sus padres o de su representante.

Me pregunto si la inspectorita sabía que tenía un cuerpo de morirse, que se le acosaba a espaldas de ella pero eso siempre con mucho “respeto”. Ay, sí, es que mírale esos labios que tiene y dicen que disque es divorciada y sin hijos.

-Señor, ¿me escuchó?

Mierda, o sea si le escuché pero es que no le entendí nada de lo que me dijo, algo de que firme algo que no sé qué. Mira que estamos solos princesa de edad madura.

-Sí, sí inspec

-Entonces aquí le dejo el comunicado y me lo trae firmado por sus padres mañana por favor.

-¿Ah? Sí, sí.

-Bueno vaya de nuevo a clases.

Me tuve que retirar, tan calientito que estaba la inspección y cómo no. Me llevaba el diablo porque tenía que cruzar el patio en medio de la lluvia y a mí que seguramente me daría resfriado, o sin mencionar que los hijuepuctas de educación física me han de lanzar un balón mojado los caremasos. Bah, me daría igual.

-Señor Paz, tenga.

Una sombrilla. Esperen era la sombrilla de ella. Me sonrió y dijo que era un buen chico que por vaguería me quedaba en materias cojudas pero que confiaba en mí. Oh creo que dijo algo así porque yo sólo pensaba en que olería la sombrilla por una semana. 


Escribo porque sí, porque me gusta, porque porque porque por qué...

Aururu