7 de junio de 2016

Catarsis

Yo ya no existo aquí, no soy. Niego los recuerdos que vienen a mí, realizando carreras de alta velocidad para chocarse estrepitosamente contra mis propias e infátuas murallas, igual que sesiguen chocando y cuando todas se apilan caen sobre mi cabeza. Una enorme pila de memorias quebradas que cae sobre mi espalda, mis pequeños omóplatos no lo soportan y se quiebran como yo me he quedrado, todos seguramente. Ahora que mi cabeza no tiene soporte, porque mis omóplatos quedrabos están, lo que hago es girar hacia la derecha para encontrar el sepacio, lo que hago es girar hacia la izquierda para encontrar la multiud, lo que hago es mirar hacia arriba para encontrar la existencia. La enorme existencia. En la distancia una luz se extingue, espero no sea la mía. Reocnozco que engullida estoy, también estoy neurótica, también estoy neurasténica, también estoy todas las ignominias en mi contra, también soy la sal que quedó cuanto todo al final se evaporó. Soy, como Wolf, una muchacha en esta sala. Soy, como Lispector, la joven que se encontró al ver una cucachara. Soy, como Kolwalki, descriptiva. Soy, como la Aururu, una mujer que sigue aquí, que sigue allá, que sigue ahí, que sigue. Que sigue.

Yo tampoco lo entiendo, pero no he respondido.  


Aururu

28 de septiembre de 2015

Manifiesto de una mujer al borde de romper la hoja

Las veces que el esfero cae de mis manos, cuando mi estómago tiene ritmos peristálticos extraños por la falta de sustancias que desintegrar, mis ojos se decaen y las arrugas de mi frente se hacen más profundas.
Esos días, mi nariz se enfría y parezco un animal. 
Bueno fuera que fuera uno. 


Tal vez si lo soy.

 Parecería que esos son los días más pastosos, pero por el contrario son momentos de 

                             autoconsciencia exacerbada. 

Aún me parece ridículo como los estudiosos presentan una especie de descripcciones plagadas de “disminución de” cuando uno se está en este tipo de estados. 

En el abismo.

        Yo simplemente siento que todo recae abrumadora sobre mi hombro derecho, quinientos quintales de pesares.

                                Pesares, pesares. 






Hemos empezado de nuevo,


Aururu

20 de mayo de 2015

Síntitu Lo

¿En qué me he convertido?
En un monstruo reflejo de mis propias condenas, 
en el destino de los desechos del mundo, 
en los fluídos incoloros de las amnistías mal desarrolladas. 
Un monstruo de mil tentáculos
se han convertido en navajas,
destruyen y lacran. Me he lacrado a mí misma. 
Habito otra piel, 
ya no tengo piel. 
Cuando caigas a mi nivel
no hay más hondo
la profundidad es solo un mito para quienes temen
a la oscuridad, la he engullido yo. 


Leamos "Érase una vez una mujer que quería matar al bebé de su vecina",

Aururu