18 de junio de 2012

La opción que se nos escondió

Texto escrito para la cátedra de "Desarrollo del Pensamiento" 
UIDE 2012

Vendrán a pensar los entendidos y sabios, que la sociedad está más podrida, más fea, menos unida. Vendremos nosotros, los jóvenes, adrenalínicos humanos, a tratar de callarles la boca cuando tienen en realidad mucha razón.

¿Valores? ¡Oh, sí Valores! Esa palabra que se nos escapa como moralistas bien formados. Hablamos de valores en todos lados: en la calle, en la casa, en la familia, en nuestro lugar de trabajo, en nosotros mismos. Valores que según dice se fundamentan cuando somos chiquitos, que se abstraen como néctar en todas nuestras acciones y que finalmente se ven como surgen cuando la “juventud” nos ha tocado la puerta de la vida, de la edad.

Pero ¿hablar de valores en la juventud? Osadía diría yo. Osadía que el ecuatoriano viene a tomarse para creer que la “moralidad” es el meollo de la vida de los jóvenes. No, a los jóvenes se nos planta una sola idea en la mente cuando se nos quiere empezar a formar en lo que será este trajín de sociedad, de trabajo, de fundamental dinero. Se nos planta la idea de “ser exitosos”

Y ser “exitoso” implica el “egocentrismo del yo”. Y partiendo de ese punto, simplemente no podemos decir con autoridad que vivimos en una “sociedad fundamentada en los valores”. Se nos impone para alcanzar esta “idea” del “éxito total” el sentido de egoísmo, que aunque no lo notemos es algo que aparece en nuestra no consciencia, se reproduce y multiplica, y cuando nos damos cuenta todas nuestras acciones se ven basados en estos silenciosos componentes de egoísmo, que trascienden en el miedo, en la ira, en la impaciencia y en la mediocridad y vaguería.

Para empezar a hablar de valores en esta nuestra juventud, primero debemos dejar de lado el exclusivo paradigma el éxito, empezar a formar nuestras mentes, apasionarnos en nuestros ideas y sobre todo considerar que aunque nunca nos lo hayan dicho “el fracaso” es una opción, y si esa opción se nos presenta: no significa el final del mundo.

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.


Mario Bennedetti.

Así ahora que ya somos jóvenes, sería inútil solamente cambiar.  Debemos evolucionar, evolucionar para que las ideas sin cadenas que nuestros antepasados nos han heredado se fundamenten, se hagan realidad. Salir de la crisálida que nos encierra, y comenzar a transformarnos. Pensar que las ilusiones se pueden cambiar por realidad, y finalmente callar con fundamento a los ancianos curuchupas que creen que ya todo está perdido.

Mi nombre lo firma
18 de Junio del 2012, 

Aururu



8 de junio de 2012

Victoria II


-Oye ve, ¿esa no es la que tiene loquito?

Y se ríen de mí, los cabeza dura de vagos que tengo como amigos. Que disque los llamo panas, el pan es hasta rico. Éstos sólo me sirven para darme dolores de cabeza.

-¡Salúdale pues! – me susurra tratando de disimular uno.
-O por lo menos crúzate, para que disque la saludes. – trabalengüea el otro.

Los dos joden como ladilla. Y cómo no cuando los has tenido como plaga desde que podrías proclamar que entraste a conocer la vida. Bah, estos al final de cuentas, con migrañas y todo amigos parecen ser. Ya, ya. Amigos son.

Y dicho y hecho, hecho el loco en el camino de la Victorita me intenté cruzar. Hoy se le había ocurrido ir con vestido. Se la veía toda cremosa con ese color, y su cabello como siempre recogido estaba. Oh, pero miren que casualidad que sus zapatos hacen el perfecto combinado para llamarle: muñeca. Pero no, a la Victorita se la debe llamar muñequita, así como que toda delicadita se la ve. Tan linda, bellísima. Parece que viene de apuro, ojalá me vea con el rabillo del ojo. Y ojalá yo le detecte esa mirada de “Oh, nos conocemos. Tomamos la misma clase. Saludémonos.” Ay, ojalá, ojalá.

Y ahí estaba pues la mirada cuando estábamos cerca de cruzarnos. Como fortuito encuentro una burbuja de espacio se formó sólo entre los dos, esa clásica burbuja que los demás te la dan cuando vas a saludar con alguien; como quien pudiera percibir que se necesita otro espacio paralelo para saludar alguien en mis circunstancias.

-¡Hola!
-¡Hola! – “concéntrate en responder, concéntrate en responder” repetía la razón de mi -cabeza.
-Hola –repitieron los dos a mis costados. Aish, esfúmense idiotas.
-Hola – saluda ella a ellos, tan educada la Victorita. Ella siempre tan educada.
-Frank,             Willermo – salen de mis labios los nombres de estos cabeza dura como si pronunciar y señalar me fuese un movimiento corporal explícito. Y la Victoria les sonríe.
-¿Qué tal cómo estás? – dirigiéndose a mí empieza la típica rutina. Es de odiar esta estúpida rutina de preguntas. Pero, Ay, si su boquita se ve tan bien haciéndola. De gana molestarse.
-Yo bien, bien todo bien. ¿y tú? ¿qué tal tus clases?
-Bien gracias. Ahorita me estaba yendo a una que tengo un profe medio loco con el tiempo y siempre hay que llegar antes que él esté. – Mierda. Aquí acabó la conversa que hubiera querido que unos segundos más dure, ni modo.
-Así hay profes pues. Entonces nos vemos otro día o en clase. – corté como caballero, la conversación que la dama sutilmente dio indicio de ser terminada. 
-¡Sí, nos vemos otro día! – mira el reloj – ¡Chao Emilio! – dice mientras sale corriendo -seguramente a su clase.

Pero algo más que el sólo verla correr se me grabó. Mi nombre pronunció, ahí en medio de una charla cortada súbitamente. ¡Dicha divina de los dioses y los antidioses! ¡Recuerda… Conoce mi nombre! Puedo declarar que no soy una fantasma en su memoria, puedo declarar que he de ignorar más mis pensamientos de un letargo de imágenes, puedo declarar que soy alguien para ella. Y ahora como Victoria en las matemáticas, me quedo espabilado.

-Oye loco, bonita está.
-Sí, para qué. Pero no te ilusionarás mucho no más.

Sí, puedo escucharlos par de sensatos. Pero es que no la ven, no la ven ahí corriendo a la muñequita que tiene vida. No ven que la muñequita sabe mi nombre y lo ha pronunciado con su voz. La bailarina. Parece que bailara mientras corre. Y en cuatro tiempos simula que va marcando el ritmo, componiendo la canción que en mi mente suena. La canción que repite mi nombre con su voz, como una droga. Ay, Victoria. Ay, Victorita.


Victoria, la bailarina. Victoria, la sonreída. Victoria, la muñeca. Victoria, la Victorita.

La felicidad la golpeó como un tren - Florence+TheMachine,

Aururu

7 de junio de 2012

Victoria


Para mi amigo baterista detrás de la pantalla, Feliz Cumpleaños.


Victoria es hermosa. Inocencia con fluorescencia su rostro es. Mírenla en su sonrisa, sus ojos violetas están. Bellísima se ríe delante del profesor, el problema de matemáticas no puede resolver. Se ríe de sus propios errores, de su torpeza de nervios, se ríe sin poder resolverlo. Dímelo, dime el producto del numerador. Ay, tan linda se la ve cuando sonríe. No seas mushpita, que al profe las sonrisas no le convencen para ser más paciente, mejor sonríeme a mí que yo te lo explico. Te explico las matemáticas, te enseño a coger el lapicito despacito para resolver el binomio. Me pregunto a qué se sentirán, a qué sabrán tus manos. Me pregunto qué miraré al regresar de la profundidad de tu retina, ah, tu retina que no tiene abismo. Y me toca pasar a la pizarra, Ay, las piernas me tiemblan y yo queriéndole mirar a la Victoria y las manos me tiemblan. Pero la voz no desfallece, firme debe escucharse. Me siento de nuevo terminado en ganancia esa pequeña lucha de números y la Victoria en las matemáticas sigue estando espabilada. Mírame a mí Victorita. Déjame ser una vez el que te haga sonreír, déjame preceder tu caminar y secretamente, en el cuarto de hora de coraje,  susurrarte “Vicky” para corriendo a mi llamado, ay Victorita, te transformes en victoria. 




Un minuto de silencio por todas esas mariposas en el estomago que el orgullo mató. - gitanourbano,

Aururu