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29 de agosto de 2012

Entre teclas y depresiones


La joven quiteña apartaba el prozac. Lo remplazaba por café, lo complementaba con programación de diseño, le añade estrepitosos sonidos a sus oídos introduciéndoles audífonos. Espera a que en algún momento ella aparezca de nuevo.

-No deberías beber ya tanto café – la reprende señalando el jarro con la bebida ya fría.

-Si luego empiezo con síndrome de abstinencia no te quejes – le replica secamente sin dejar de ver la pantalla de la computadora.

-No es eso, te esta doliendo. Te duele y sigues tomando café, tonta.

-Entonces ven, sé mi droga. – le replica aún sin regresar la vista.

-Siempre soy tu droga. – le susurra en el oído.

-Sí, lo sé. Lo siento me olvido de que tú me alimentas, mi  Dínole. – dijo regresando a ver a la nada de su cuarto.

-Que sea sólo parte de tu imaginación no significa que no exista. – replicó la voz que siempre se encontraba a espaldas suyas.

-Lo sé, perdón preciosa. – respondió volvió la vista al titilante cursor de la pantalla, la programación de la interactiva página aún no estaba completa.

Su perfecta Dínole, era cambiante como una estatua. Tarareaba junto a ella cada canción que cantaba. Su Dínole que en la realidad sólo de aire estaba compuesta, que en la realidad sólo era la idea de un perfecto humanoide hecho exclusivamente para ella, algo que por su perfecto combinación hipocampal con la tecnología era tanto humano como máquina. Algo que en una era como la suya no podía existir, algo que la transformaba en loca, en con tendencias psicóticas, en alguien antisociable; pero en última instancia en alguien feliz porque ésta, su imaginable Dínole, le apartaba del hueco de soledad que trataba de comerla con ferocidad. 

Los disque “entendidos de la materia”, le había dicho que sufre un trastorno paranoide cuando ella la presentó. Sus padres creyeron que al principio todo era una broma para simular un amigo imaginario. Simples mortales que no entendían su infinita y real presencia.  

Dínole para los demás no existía. Para ella era su todo




Quería sacarle a Dínole de mi cabeza, es medio real,

Aururu

19 de mayo de 2012

17 de mayo de 2012

En la Sajonia compro mis joyas.


Venga pues a comprar, en la Benalcazar a caminar.
Lindo paisaje ofrece, hasta en la iglesia ha de poder entrar.
Mejor rápido, rápido; corra casi a la esquina. 
A lado de ese puestito de dulces y confites,
Encontrará a Doña Marget buscándole, ofreciéndole: 
“¿Anillo de grado quiere?, para mañana ya está” 
"Esclavas de Oro también tengo" 
"Una pila mi don, ¿de cuál es que quiere?"
"Un rosario de plata recién me llegó, bien bonito verá" 
Separe su joyita garantizada, 
no deje que le timen ni que agarrren
Ni le cambien su oro, por latón. 
La Joyería Sajonia, siempre a su disposición. 


Buscando viajar hacia la cocina,

Aururu.

30 de abril de 2012

Gritos


Mi hermano siempre me suele decir que odia, aborrece que grite.
Mi voz resulta ser demasiado chillona, y cuando me lo propongo puedo dejar casi noqueado a un individuo cualquiera que se haya colocado junto a mí (por gracia desgracia de las circunstancias) y no esté preparado para ensordecerse por algo parecido al pitido de amplificadores siendo ajustados de manera rústica. 
Por otra parte, suelo pensar que mis gritos desesfrenados, y casi esquizofrénicos, son lo único que realmente poseo. Porque mi propia voz muchas veces está completamente silenciada por un cubículo de uno por diez elevedo a la menos treinta y cinco metros cuadrados.  
Y mis gritos son la respuesta a necesidades anacrónicas a teorías desarrolladas mirando la baldosa de flores verdes del baño durante la ducha.

29 de marzo de 2012


No se estremecía cuando el sol quemaba sus pupilas, no se lograba impacientar ante la larga espera, no se podría realmente consentir en formarse a otro nivel o ni siquiera interpretar los murmullos a su alrededor.
Sus labios resecos estaban. No, no era que fuera la conversación que le hubieran secado los labios, era la falta de su consentimiento en interacción que se los había secado. Parecía piedra mal formada o incluso un barro maltratado o quizá era al revés. Una piedra maltratada de quien nadie podía tomar consuelo, un barro mal formado que no se le podía increpar a ningún experto. 
Era de agradecer que esos mismos labios por su parte querían abrirse y agradecer lo vacío que estaba el lugar en donde sentada estaba. 
Le hacía falta el vacío. El vacío que le daba paz le recordaba lo que ella misma se había propuesto.  Y el vació que se reflejaba en el "más allá del balcón". Ese vacio que se traducía en cuatro palabras, que se transcribía en la nada.
La nada era lo que realmente podía poseer, la nada era su misma persona. Decidió abrazar a la nada, se preguntaba si la nada también le abrazaría pues eso sería reconfortante. La nada no poseía nada: no poseía alegría pero tampoco posería dolor, no poseía compañia pero tampoco poseía la soledad. 
Era perfecta, era lo que quería ser. Perfecta como la nada.La abrazó, se agarró a ella, se perdió en ella, se mofó de ella, jugó con ella, sería guiada por ella. La besó y deseo dejar morir su existencia humana.

Esa existencia humana que le ataba a la silla en donde se encontraba, la existencia humana que le hacía darse cuenta que sus labios estaban resecos, la existencia humana que no le permitía evaporarse, la existencia humana que le repetía que debía interactuar con personas, la existencia humana que le daba relaciones con otras personas y le hacían sufrir.

Oh sí, la nada no le haría sufrir como esos crueles doctores qué sólo le llamaban "loca", sin fijarse que no estaba loca. Simplemente estaba llena de huecos en su todo su cuerpo, huecos pudriéndose y llenándose de polvo. Ellos decían que no los veían. 

¡Ellos eran los locos por no ver los huecos! Por no ver que necesitaba agua, por no ver que necesitaba urgentemente lanzarse de ese balcón para alcanzarla a la bella dama que le proporcionaría todo, a esa nada que se balanceaba invitándola a ser libre. 



Mirando el Retablo de San Jorge, 

Aururu

19 de marzo de 2012


Karma azul me recuerda mi odio. Karma azul restituye las notas volantes. Karma azul no me conoce. Karama azul se parece mucho a una persona. Karma azul suele violarme con palabras. Karma azul debe llamarse Zoe. Karma azul no puede mirar directamente el buhosandia porque se congelaría entre los extraños ojos del objeto. Karma azul suele censurarse. Karma azul no tiene concepto de censura. Karma azul es alguien de colores. Karma azul canta. Karma azul dibuja. Karma azul escribe. Por Karma azul casi he traicionado mi nombre de nuevo, pero eso no pasará tan rápido, o eso es lo que comiendo una galleta como signo de perpetuo contrato, yo he prometido.




Aururu

18 de febrero de 2012

Tontas Cartas~


Especialmente para el amigo de mi querida Mayrita,
Y para ella misma.

Donde estés, El día que fuese,  El mes que sea, El año que desconozco.

Tú,

¿Quién te crees que soy? ¿De qué crees que estoy hecha?  ¿No crees que merezca un poco de respeto?  ¿No pudiste escribirme algo más? ¿Dónde estás? ¿Estás vivo?
Sí, estás vivo. Lo puedo sentir. Por algún lado sé que estás vivo, que aún respiras, que aún permaneces esperando que el semáforo cambie a rojo para poder cruzar, que aún sigues perdiendo dos esferos al día, que continuas caminando jorobado. Nunca logré entender por qué despreciabas tu altura.

Ser alto no es un pecado y aun así si lo fuese no importaría demasiado. Importante sería que te aceptases como eres, que pudieras ver que más que un pecado es el destino mordiéndote los talones para que despiertes y saques provecho de la circunstancia. Pero el destino es meramente despreciado cuando todo se basaba en reglas, ¿no es así?
Para ti era así: todo debe basarse en reglas, para mí era así, para todo el mundo es lo mismo. Demasiadas bases, muchísimas restricciones, una libertad que se la disfraza de libertinaje para que nadie la disfrute. Una lata con abre fácil pero que te la colocan con el letrero de “prohibido abrir”. Todos bajo el mismo presionante techo de miles de leyes, de miles de pecados por evitar; rodeados de prejuicios que estrujaban nuestras ventanas y nos encierran en un cuarto de medio metro cuadrado. Todo el mundo… Todo el mundo… ¡Pero no somos todos el mundo, sabes! Sólo eres tú. Sólo soy yo. Eres quien eres, soy quien soy.

Ya ni siquiera sé realmente bien a qué me refiero. No puedo encontrar el hilo de una conversa coherente cuando te escribo. Quizá jamás lo hice. De alguna manera era demasiado  presionarte hablar contigo, es demasiado complicado escribirte cuando demasiados sentimientos se me amontonan y ni siquiera me permiten realmente respirar. Cuando asfixiantemente quiero gritar tu nombre, aun sabiendo que mi voz no escucharás más.
No te critico, no puedo hacerlo. No puedo criticarte rudamente por lo menos, porque los insultos que pasan por mi mente;  la furia que rodea mis manos, y me incita a escribirte furiosamente, simplemente es aplacada por algo más profundo… Algo negro.
Negro. Odias ese color. Demasiado fúnebre ¿no? Pero por el negro nos conocimos, ¿lo recuerdas? Yo buscando desesperamente un esfero  mientras estaba en la eterna fila de espera, tú detrás de mí. Yo pidiéndote un esfero y tú dándomelo. Posteriormente mi enojo dándose a conocer con apellido y linaje,  al saber que era un esfero de tinta azul. No puedo evitar reír en este momento, fue tan infantil dejar que aceleradamente mi descontrol se enfadara contigo por darme un esfero de tinta azul cuando buscaba uno de tinta negra que luciera elegante. Demasiadamente infantil. Pero por ese error infantil nos conocimos, ¿no? Por ese infantil error me dijiste tu nombre, me explicaste que el azul es incomprendidamente elegante y me ofreciste una disculpa.

¡Ahora deberías estar dándome una disculpa! ¡En este momento deberías estar llamándome! ¡En este momento por lo menos debería saber dónde estás! ¿¡Crees que soy de piedra, de hierro, de aluminio, de eugenol!? Eugenol. Tú me enseñaste ese extraño nombre del clavo de olor. ¿Crees que me puedes dejar con todos extraños nombres que me enseñaste para cosas simples, sin recibir consecuencias? ¿Crees que es tan simple como “desaparecer” para librarte de mí?

Parece que así lo crees porque te largaste con tus cuatro maletas a la nada. Sí, a la nada. Y no sé si fueron cuatro maletas, quizá fue un camión entero porque en tu dirección sólo se ve un letrero de “ARRIENDO O VENDO”. Tú teléfono está suspendido. Y es una hartera recibir correo electrónico de rebote indicándome que probablemente me equivoqué de dirección electrónica. Por esto mismo, te fuiste a la nada, desapareciste, ¡desapareciste!

Me pregunto si no tuviste tiempo de despedirte. Es decir, mira hemos convivido más de 5 años juntos por lo menos por eso deberías tener la decencia de un “hasta siempre”. Yo sé, y te lo he dicho, que al principio ni siquiera me agradabas, y que tener un compañero 9 años mayor que yo en medio de la clase era algo un poco extraño, en medida de que seguramente no se experimentaban casos así todos los semestres en la mayoría de universidades del sector. Es perfectamente anormal diría yo, pero lo que sea o no sea “normal” creo que ya deja de interesar en este punto. Por esa discusión es que comenzó esto ¿verdad?

Yo conversando en un lado opuesto, frustradamente tratando de defender mi punto de la “inexistente normalidad”. Era estimulante la discusión, era excitante formar arcilla moldeable de las mentes de mis espectadores, estimulante el dominio de masas. Hasta que para poner alto a mis arrebatos de poder te adentraste en aquel dominio, en aquella conversación para ser mi letrero rojo en medio de la calle; que te obliga a detenerte sin importar cuán apresurado o picado estés. Oh sí, te comencé a odiar a ese momento no lo niego.

Pero como si fueran hilos finamente tejidos, se nos ponía una y otra vez juntos. Aunque es lo más probable que nuestros hilos sean de aquellos que se sobreponen, de los cuales están mal colocados, errores, suposiciones, alteraciones en el sistema.  Estas alteraciones, estos caminos interminablemente entrecruzables me permitieron saber que: te odiaba por algunas razones, que te comencé a estimar por interminables contradicciones, que te comencé a querer por inentendibles explicaciones y que finalmente te comencé en algún momento a amar porque fue imposible no hacerlo.

Que comencé a amar tu mundo, comencé a amar tus sueños, tu incansable esfuerzo, tus problemas, tus rebeldes cabellos, tu maleta negra, tus esferos de azul, tus manos temblando cuando tenías nervios; te comencé a amar aun sabiendo que no sólo era la casi década que nos separaba, sino también la ley.

Esa ley que tanto amabas, que idolatrabas, que seguramente idolatras. La ley que te mantenía ya atado, aquella que me escribía en letras gigantes y que gritando me decía que no eras libre. Una ley que no sólo me decía que estabas casado, sino que tu pequeño hijo seguramente te esperaba en casa todos lo días, que me decía que mi imaginación era un ilegal imperfección en el mundo ideal que tu tanto soñabas.

Un mundo que quisiera haber podido soñado junto a ti.
Me pregunto si yo no te hubiera pedido una respuesta aún seguirías aquí, me pregunto si no hubieras desaparecido si no te hubiera hablado. Aún me cuestiono si a pesar de todo realmente si no hubiera mencionado nada podrías haber seguido siendo amigos. Sólo amigos. Sólo amigos. No, no era una opción considerable para mí, no quería ser sólo tu amiga, no quería. Ahora quizá lo estoy reconsiderándolo… Porque es una opción más alentadora que lo que estoy viviendo ahora, algo más alentador que no volverte a ver nunca jamás.

…..

Pero ese lado tuyo que te pide responder al desvalido te impidió irte limpiamente ¿no? Puedo reconocerlo: es una hoja de tu agenda. Pude palpar vivientemente la fuerza del escrito. Dos palabras. No eran las ocho letras que esperaba en mi buzón, estas ocho letras de dos palabras: “Lo siento”.

No. Fueron nueve letras. Aunque igualmente dos palabras. Rodeadas no sólo por un gran espacio vacío, sino por el infinito de las emociones, rodeadas por el perenne destino de magia negra. Una magia negra que para ti representaba un pecado, un deseo un sentimiento que no querías aceptar.

Así pues que estoy aquí, sentada en medio del parque con la nota en mi bolsillo. La nota de la respuesta que esperaba. La contestación a mi tan furioso “Te amo”.  Este papel arrugado en mi bolsillo que tenía escrito: “Yo también”.  

Lo repito eres un idiota. Un gran enorme idiota.

Y yo aquí estoy sentada escribiéndote una carta que más que odio, que más que tristeza es nostalgia. Porque tú lo sabes, porque yo lo sé.  No soy tu “media naranja”, no eres mi complemento.  Somos simplemente uno. Llámalo destino, brujería, voluntad de Dios, el cosmos, mundo espiritual, tonterías. Pero es así. Yo fui creada para ti. Tú eres mío. Una sola esencia.

Yo lo siento, lo puedo percibir casi palpable. ¿Por qué el tiempo no nos reunió en el momento adecuado? ¿Por qué escapa de nuestras manos el agua de vida? ¿Por qué no nos rencontramos antes? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿por… qué?

Sé que probablemente  no leerás esto, sé que probablemente yo romperé este viejo papel, sé que probablemente quieres ignorar todo esto. De cualquier manera no importa, si no te escribía me hubiera pulverizado en este instante, hubiera desaparecido en con la incansable brisa.

Y por ahora yo no quiero desaparecer. Carece de interés para mí desaparecer en estos momentos Quiero vivir, quiero buscarte, quiero acosarte, encontrarte, golpearte. Quiero verte de nuevo. Porque maldito idiota, yo…yo siempre te amaré.

Siempre…,

Yo.
"¿Cónoces sus nombres? Pues yo sí.",

Aururu

7 de enero de 2012

Imposible~



Mi querida Liloa me lo ha pedido.
Espero le guste.


“Es seguro que ese asunto de “Romeo y Julieta” había ya caducado. Si vives un espacio dónde puedes conseguir sexo gratis en la mayoría de bares de la ciudad, o si no querías tanta acción podías auto complacerte a ti mismo en un pequeño cubículo de una `sex-shop´;  el sobre utilizado tema “Romeo y Julieta” habían muerto conceptualmente en el intento de acoplarse.”


No era un bar. No era un restaurante lujoso. Ni siquiera era la tienda en donde venden cervezas baratas a menores de edad. Era una vereda, en medio de lo que para mí era “la nada”. Y en la vereda mi mano con una caja del vino matagente cegador. 

¿Qué estaba realmente haciendo en ese lugar? No lo sabía con exactitud.

Incluso el líquido caducado de mi mano no estaba abierto. Tan sólo estaba ahí agarrado en mi mano, igual que yo. Tan sólo estaba ahí sentada en la vereda con miscelánea de figuras e imágenes en mi mente.

Quizá no fue prudente lo que hice.

No, no. Pensándolo bien prudencia fue justo lo que tuve. Actué con sensatez, con buen juicio. Dejando que, de una vez por todas, mis instintos me comieran al punto de no estar presente en mis actos. Los instintos que mi impulsaron a insinuármele, acorralarle, y romperle la cara. Romperle esa cara de tentación que tenía a puro beso. Arrancarle su codiciada piel a mordidas. Extraerle el corrompido deseo que debió tener por alguna otra persona, y convertirlo en ese momento en éxtasis dirigida hacia el mi cuerpo.

No recuerdo por cuánto tiempo le seguí con la mirada. Desde que le conocí quizá. Pero era demasiado pedir que se fijase en mí. Esa persona que era alguien de mundo, de aventuras, de simple placer, de insinuaciones de 30 segundos.
Mas, dolía demasiado el pensar en que nunca nada jamás sucedería. Al principio fue fácil ignorarlo, pero con el tiempo fue difícil resistirlo.

Asumí tiempo después de que era un deseo. Un deseo solamente.

Y por eso es que lo acorralé, por eso es que aparecí de las sombras de aquel desolado pabellón y descendí abismalmente con mis impulsos hacia sus pantalones. No tenía tiempo de dejarme llevar por la “buena razón”. Pronto esta obsesión con esa persona desaparecería.

Después de todo esa era lo que hoy es. Una obsesión. Una búsqueda. Un pequeño desliz. Placer.

Mas en el proceso, mis labios habían sido tocado por los suyos. Sus brazos habían rodeado mi cuerpo. Su mano había lujuriosamente enredándose en mi cabello.

Fue en esa precisa sensación descubrí algo.
Sexo es lo que todos deberíamos buscar ahora. Pero en medio de eso hay una sensación imposible de evitar en algunos casos.

Aquella persona instantáneamente se fue después de eso. Yo me quedé unos instantes, arreglando mi apariencia, me fui y robé una caja de vino por incautar.

Una imposibilidad  en medio del embrollo del puro placer me pasó. Y este vino que va a ser destapado lo sabe. Si me quedo ciega, será una ventaja. No podré verle de nuevo. Por ende no sufriré, ni vergüenza; ni peor aún, dolor…

Porque descubrí que simplemente era imposible, para mí, no enamorarse en el intento.

Era imposible para mí, dejar de creer en lo que siempre soñé.

Mas quedé así. Como una Julieta sexualmente satisfecha por su Romeo, sentada sola en una vereda con un pequeño cartón de vino como su fiel acompañante.

Una Julieta sola e irremediablemente enamorada de un Romeo del mundo.

Maldije a mis adentros Shakespeare, y sus estúpidas ideas; antes de tomar el primer sorbo a pico. Sería una larga y deliciosamente tortuosa tarde. 

 Ve del infierno al paraíso♫♪,

Aururu




18 de noviembre de 2011

Alcanzada~

-¿No te parece excitante? -jadeó mientras esquivaba un señal de cruce.  La persona que corriendo, igual que ella, le seguía el paso bufó sonoramente con una sonrisa en el rostro. 

Ser perseguidas por haber robado, engañado, engatuzado y casi violado a la líder de la pandilla local, era algo que seguramente "María José y Cristina Augusta" no hubieran hecho. Pero "Mary" y "Chris" lo hicieron esta noche, hace aproximadamente 40 minutos. 

-Vamos a aquel lugar, seguro que no nos encontrarán. -  dijo entrecortadamente Mary a Chris, para que ésta automáticamente como una orden diera el instantáneo giro en la calleja siguiente. Sendos disparon se escucharon a lo que desviaron súbitamente su camino. No había duda que instántamente la adrenalina de su cuerpo comenzaba a hacer su parte, porque sentían que sus pies casi no rozaban el suelo con la fuerza que sus impulsados pasos daban para no ser capturadas. 




-¡Me duelen mis piernas! - exclamó Chris, tumándose en un viejo colchón. De inmediato Mary, estaba lanzándose a utilizar el abdomen de ésta como almohada. 

-Supongo, que debemos agradecer a estos "Gatos malditos del contrato" que tienen a todos alejados de esta casa - casi exhaló Mary tratando de recuperar el aliento. 

-Supongo que sí. -dijo Chris tratando de apartar a Mary para que no la convierta en un objeto de su comodidad - El hecho es que... creo que en verdad te ha gustado, esa persona de hoy. 

-¡Cállate Chris, fue el reto de la noche! - espetó divertida  Mary a la Chris, refiriéndose a lo que no más de una hora habían hecho. 

-A mí no me mientes, por eso no le has pedido prestado nada. 

-Propiamente lo que solemos hacer se llama robar, C. -aclaró Mary, mirando a la cadena que colcaba en el cuello de su compañera. 

-Lo sé, lo sabes. Lo sabemos. - rió acariciándo la cadena que esta noche había robado a aquella líder que habían venido delitando para su golpe de engaño final. 

-Pero sabes qué, la que me gusta eres tú. - dijo de la nada Mary apartándose de Chris. 

-¿Ah? - Una confundida Chris no pudo hacer más que mirar a su compañera. 

-Sí me gustas,  te quiero más de lo que imaginas. - súbitamente extrajo aquel objeto que había sido marcado conjuntamente con Chris "sólo para casos extremos". 

-¡Mary!  - gritó con pánico para ser apartada lejos por un golpe de las fuertes piernas de su compañera.

-Lo siento, Cristina - mencionó también el antiguo nombre de la chica enfrente suyo- he de cumplir, lo que hay que cumplir. 

-¡María José! - chilló así mismo aquel nombre que fue enterrado años atrás por el contrato. Su cuerpo se aceleró pero eso no pudo alcanzar a detener el disparo que atravesó un vital punto de única persona en su vista. 

Se lanzó al cuerpo sin vida de su compañera. Y las lágrimas le brotaban. Pero así era el contrato  ¿no? : "No temores, no rencores, no amores; sin nada sin nadie, sólo lo que hay, sólo que exista. Delirio y límite serán nuestra existencia. Mas si he de incumplir, la única opción será la solución"

Un contrato que te permitía sobrevivir en el submundo, un contrato que te permitía seguir existiendo, un contrato que las libró hace tiempo ya de su enclaustrada vida perfecta.

El cumplimiento de éste había alcanzado a su compañera. 

-Estúpida, el mal hábito de cumplir tus cosas es tedioso. -dijo besando la ensangrentada herida, posteriormente la frente y la boca de su compañera recibieron el mismo trato -Y mi mal hábito de mentir, me llevo a no hacerlo primero. 

Y un minuto después, el contrato también la alcanzó a ella misma. 


Raras Anormalidades No Domesticadas, Omnipresentemente Mandadas, 

Aururu

15 de octubre de 2011

Aeequs~

He escrito un cuento para mi padre por su cumpleaños, quiero compartirlo con ustedes.

Aeequs
Para mi amadísimo padre, Feliz Cumpleaños.
Había una vez en el cercano mundo de Los Valles de Karmi, donde habitaban los luminosos regidos por el alma pura de Miriam, una extraña leyenda. La leyenda decía de una comunidad de salvajes en una llamada extraña “oscuridad” habitaban en las afueras del luminoso valle. Los luminosos no sabían qué era la “oscuridad” y le tenían un profundo miedo.
Pero un día, aquel luminoso que los regía, el alma Miriam decidió averiguar por el bien de su pueblo y del real conocimiento, si era esa leyenda cierta  y encontrar qué era esa llamada “oscuridad”. Sus consejeros se le opusieron, pero ante la amables y bien razonadas explicaciones que esta alma Miriam siempre solían darle, accedieron que fuera en esta temible búsqueda. 

Así el alma Miriam junto a sus amigos más confiables, Britê y Zanthou, empezaron su búsqueda.

El camino fue apacible, sin ninguna complicación hasta que llegaron hasta los límites del valle que eran conocidos. Los tres, incluso el alma Miriam estaban realmente asustadxs. Los senderos empezaron a cambiar, las plantas que conocían cambian un poco de parecer, y los animales que encontraban les parecía más que extraños.  Hasta que llegaron a una poblada villa que les parecía familiar pero les era totalmente desconocido. 

-Ustedes son forasteros – anunció uno de sus pobladores. 

-¿Forasteros? – preguntó temerosamente sin entender Britê. 

-Sí, forasteros, los forasteros que anunciaba la leyenda. Vengan conmigo les mostraré lo que han venido a buscar – dijo el mismo que les habló anteriormente. Así totalmente inundados de una sensación inexplicable para ellos su esencia les dictó que debían seguirle. 

Caminaron a través del pueblo observando individuos que aunque se parecían a ellos, eran distintos. Unos reían tal y como ellos lo hacían, pero otros despedían una especie de agua por los ojos; una acción que estos tres luminosos no habían visto jamás en su apacible pueblo. Así llegaron a una gran construcción que tenía su conocido blanco, pero también estaba coloreado de otras tonalidades que se le parecían pero no eran su blanco. Al entrar en esta construcción fueron llevados por el poblador a una cúpula en dónde al observar bien se encontraron inmediatamente con seres idénticos a ellos pero… pero… ¡totalmente distintos! 

-¿Qué está pasando aquí? – exclamó el alma Miriam totalmente anonada de ver una extraña gemela suya en frente de ella misma, con su misma expresión. 

-Bienvenidos, ustedes aquellos que conectadamente vinieron a buscar lo que la mayoría no se atrevía. – dijo el poblador que les trajo a todos a ese lugar- Yo soy el que soy, pero me pueden llamar Brahma. Y les mostraré aquello que han venido a buscar venido a buscar. 

Un extraño silencio reino en toda la cúpula, pero no duró mucho tiempo.

-¿Quiénes son, maestro Brahama? – dijeron el alma Miriam.

-Gracias por llamarme maestro, querida Miriam – la voz de Brahma llenaba la cúpula de la sensación que el alma Miriam siempre conocía cuando meditaba- Y pues ellos son ustedes. Ustedes son ellos. Todos son iguales.

-Pero eso no es posible, somos diferentes… mira su…color- dijo uno del otro grupo con la voz de Zanthou.

-Efectivamente, Zanthou. – Zanthou del grupo luminoso no se sorprendió que su igual tuviera su mismo nombre. – Ellos son blancos, y se llaman luminosos. Ustedes son Negros, conocidos como oscuros.

¿Negro? ¿Blanco? Para cada bando una de esas palabras eran extrañas a sus oídos.  Así Brahma le empezó a hablar de cosas que para cada bando no eran familiares. A los luminosos les habló acerca de la tristeza, dolor y oscuridad ; a los oscuros acerca de la alegría, gozo y luz.  

-Maestro Brahma, dijo que compartíamos algo ¿qué es? – preguntó por fin Britê.

-Así es queridxs míos, todos ustedes comparten algo la ignorancia, y esta ignorancia es lo que no les permitía ser completos.  Pues todo: el bien, el mal;  la luz, la oscuridad;  la tristeza, la alegría; son complementarios… mantienen el equilibrio.

Cuando Brahma acabó de decir esto, fueron conscientes de que algo había cambiado. Ya no eran seis almas, ahora eran tres personas.  Y conocieron y reconocieron que eran tal y como el maestro Brahma había dicho, una sola identidad, una sola esencia que se había mantenido separada por una brecha de ignorancia. 

-Así es hijos míos, la ignorancia que verdaderamente afecta al hermoso equilibrio. – fue lo que resonó en sus cabezas antes de que todo, el valle, los pobladores y Brahma se esfumaran en un instante. 

Miriam, Britê y Zanthou. Respiraron profundamente en lo que ahora observaron que era un hermoso valle lleno de toda la vida. Y se dispusieron a hacer dos largos caminos para dar la gran enseñanza que este su ahora amado maestro Brahma les había dado y otorgado.

La enseñanza del equilibrio de la vida. 



Con cariño también para ustedes,
Aururu


25 de septiembre de 2011

Y los colores renacen~

Quizá no pueda describir el entusiasmo que me produce el siempre encontrarme con nuevas actuaciones de Bajo el ArcoIris.  Se preguntarán Bajo el ArcoIris, ¿qué es o con qué se come eso?


Es simple Bajo el ArcoIris  es una editorial de cuentos infantiles y juveniles con temáticas LGBTI con varias y excelentes persoans a tu cargo, una de sus editoras es la bien conocida Nimphie Knox [ No sabes ¿quién es? ¡Apresúrate y conócela! ]
En la misma editorial da sus cuentos en descarga totalmente GRATUITOS. ¿no es eso maravilloso? Y ni hablar de las ilustraciones que simplemente son una belleza.
Me dejé capturar por "Javier y el Príncipe del mar", y después de leer "La Familia de Martín" y "La primavera" fue casi imposible no postearlo.

Javier y el Príncipe del Mar.

 

No temo admitirlo, me atrapó con la portada. De alguna manera me recordó como solía dibujar (y suelo dibujar), y no pude evitar imaginármelo con miles de copias impresas, y yo regalándome una a mis sobrinos. Y no sólo es una bella historia en la playa, nos muestra también aquello que para mí hace tan atractivo los cuentos infantiles: inocencia, compasión, humildad, amor.
Javier te atrapa y te envia a días de misterio, príncipes, reinos lejanos y felices finales.






La Familia de Martín y La Primavera

Dulce, suave, y todo apapachable Martín, un pequeño gatito huérfano, nos muestra su historia y el cómo llega a tener una cariñosa familia. 
 Y la bella mariposa Lorelei conocerá a la tierna clavelina Mili en un jardín donde existen hermosas pero orgullosas y nada amigables flores.

No hace falta decir que "La primavera" me encantó el echo de que haya una mariposa como protagonista (si vivo obsesionada con esas asquerosas maravillas) y Mili de seguro harán que deseen plantar flores en cualquier espacio de tierra libre que tengan. 
Y de Martín, pues con lo de "apapachable" ¡lo dije todo! 



Anda, anímate y léelo. Porque los colores vuelven a renacer,
Aururu