Mostrando entradas con la etiqueta Alguien. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alguien. Mostrar todas las entradas

17 de septiembre de 2012

Diosas sin vestidos


Gota, gota. Pero no hay lluvia. Gota, gota. Sólo hay sol. Gota, gota. El bosque se quema. Gota, gota. Las llamas se extendieron, los bomberos no llegaron, mi casa en llamas, mi pierna amputada.

Malditos pirómanos, era lo que la gente decía.

Entonces maldito era yo.

No calculé que todo se saldría de control. Pero era inevitable, esos cerillos me llamaron, el cigarro me pedía sensualmente que lo dejara en medio de esa paja, el fuego excitantemente me llamaba para que lo observara, para que lo deseara.

Le pintan de naranja, de rojo, de amarillo; idiotas que sólo quieren retratar la pasión y no pueden lograr captar la hipnosis que el fuego posee. Esa hipnosis de invisible blanco de la llama que necesita impalpable oxígeno para sobrevivir.

¡Déjenla crecer, déjenla crecer! ¡Ignorantes, deben alimentarla!

Miro hacia el aparente blanco de la pared del hospital. Imitadores sin realidad del fuego. Observo el vació de mi pierna izquierda. El doctor ingresa, me informa que me había desmayado frente a la inhalación de los gases de las llamas Que se les dice diosas, no llamas. Mortal. Posteriormente se cree que una de mis piernas había quedado atrapada por una rama que había caído toda carbonizada y parcialmente quemándose, y es ahí donde mi miembro inferior fue calcinado. No me pude evitar reír con grueso e improvisado tono. Me entristecía no haberlo podido sentir por el estado inconsciente, me regocijaba en que la diosa que tiene el infinito calor hubiera sido alimentada con mi cuerpo.

Debería intentarlo de nuevo. Después de todo yo ya no perdería nada y completaría mi hazaña donando todo mi cuerpo.  Regalando mi cuerpo al que todos llamaban: el infierno, pero que para mí era el indiscutible cielo.

Un cielo rodeado del blanco promedio, envuelto entre las desnudas bailarinas que no ven, bailarinas ardientes, a más grados que la temperatura del sol. 

Hermoso. Hermoso


Este relato irá dentro de Las Mentes Cuerdas, de seguro,

Aururu


P.D. Todo esto casi inspirado en los últimos y tan a menudo, acontecimientos de Quito. Porque Quito grita por lluvia, y algún quiteño debe rogar que no la haya. 

19 de mayo de 2012

Frecuencia


Joven. Trabaja en biblioteca. AutoMasoquista. Café. 

-Pero ¿qué te has hecho?  
Me preguntó con temible voz, una voz entre enfurecida y atemorizada. Esa clase de tonalidad que puedes sólo percibirlo si tienes el suficiente cuidado, porque suele escaparse hacia uno de los dos lados y no quedarse en la mitad de esas dos emociones. En esa mitad que no significa equilibrio sino incertidumbre.  Me limité a desviar la mirada. 
-Accidentes, tú sabes. Accidentes
Aparté su mano de mi hombro.
Se había dado cuenta porque esta ocasión me olvidé colocarme mi suéter porque el calor casi infernal pudo más que m instinto de no hacer visible mi cuerpo. Estar así, con parte de mi piel a la vista normal, no ocurría con mucha frecuencia, porque yo no suelo ir con muchas partes descubiertas de mi cuerpo a cualquier lugar que me dirija o en cualquiera parte que esté.
Utilicé de inmediato la excusa de tener hambre, me aferré a la excusa por la cual había acudido a verle. Invadí de inmediato su cocina buscando trastos, ollas y café; y trataba de hablar sin para de cualquier cosa que a mi mente viniese.
-Mentiras, puras mentira
Dijo de improviso con su cuerpo apoyado en el umbral de la puerta, dirigiéndome la palabra de nuevo.
-¿Mentiras? Cómo puedes decir eso, te estoy diciendo que Cristina estaba totalmente furiosa porque Hugo no había bien archivado los contemporáneos en su lugar. Y es completamente cierto yo le vi, aunque como te dije ese día lo que ofrecí mi ayuda pero siempre este como soberbio….
-Mentira
Repitió dirigiéndose hacia mí. Mis nervios se activaron el pequeño botón de “switch” de mi cuerpo, alertándome, colocándome a la defensiva.
-… no… quiso mi a-ayuda porque… porque cree que yo quiero sólo… emh… sólo quedar bien y…
 No pude continuar con mi palabrería, había llegado ya a mí.
-Mentiras, ¡puras mentiras!
Me gritó cerca de mi cara tomando uno de mis brazos.  Deseaba pronunciar su nombre, nada salía de mis labios. Le miré para toparme con ojos emanando furia destructiva de bomba atómica.
-Lo siento…
Susurró mi no conciencia por mis labios.
-Basta ya, ¿no te lo he dicho?
 Agarró mi cuerpo como si quisiera fusionarse.
 – Ya te lo he dicho, me perteneces... Me perteneces, no quiero que nadie te haga daño. Tampoco que te dañes.  
Lo había ignorado. Su ausencia y mi preocupación de la vida habían hecho ignorar un agregado que debía mantenerlo en mi memoria. El recuerdo de mi propio ser extinguido en la luz artificial, luz artificial que siempre trataba de teñirla de sangre para saber que estaba dentro de la vida. El recuerdo de la ceguera aplacada a la declaración que un día esa persona me hizo:

Masoquista, eres masoquista. Deja de lastimarte, deja se sufrir por tu cuenta. No soy una pintura en la pared, me tienes a mí. Para ya, y si no es por tu voluntad yo te lo ordeno. Para ya, porque me perteneces, en la medida que yo te pertenezco a ti. Porque no quiero que quien amo se lastime.”

Oh, sí era eso. Disque era amor, aún no me lo creía. No me lo creo; pero por lo menos la sensación de “pertenencia” era vívida. Y a eso me aferraría, me aferraría a su cuerpo como se aferraba al mismo y sentiría que pertenezco al Dios de carne y hueso y que me ordena dejar de lastimar, que me ordena cuidarme, que me guía hacia la oscuridad más hermosa que la tediosa luz artificial. A falta de lágrimas comencé a hiperventilar.
Y todo se entendió sin palabras y en medio de jadeos. Existían muchas cosas, las cuerdas hacen que vibremos y nosotros vibrábamos en una misma frecuencia. 


Joven. Trabaja en biblioteca. Automasoquista. Café. 


Vuelvo a recordar que debo seguir dando forma a Lorena y Martín, 

Aururu



Desde hace tiempos recordables me han dicho masoquista.

¿Será verdad?

No busques la verdad. Ella siempre está ahí con vestido transparente,

Aururu

20 de marzo de 2012

Volveremos al lugar~


Le gustaba caminar por la calle porque decía que la vereda era incómoda. Le gustaba oír la insistente bocina de los autos reclamándole paso por lo que supuestamente era de ellos. Le gustaba degustar las mil y unas palabras que le proporcionaba cualquier conductor recordándole que podía atravesar el asfalto y proclamar, rasgando la calle con cuchillo, que estaba loca, psicópata.

A él le agradaba caminar por la vereda porque decía que la calle era fría. Le gustaba atravesar la multitud de gente y que al mezclarse con ellos automáticamente se le apartaran como si el fuera un gran depredador y ellos débiles presas. Le gustaba las incontables basuras entre todas las pisadas que las desperdiciaban, que de una forma automáticamente natural las degradaban. Le gustaba exhibirse como especie en peligro de extinción por suaves y cómodos adoquines.

Los dos habían tropezado en medio de sus gustos. Del lado contrario habían ido a parar, pero antes de caer se habían chocado el uno contra el otro.

Ella llevaba pantalón rasgado. Él llevaba uno bien planchado.
Ella llevaba corbata verde. Él llevaba  andrajosas telas de colores.

Los dos cayeron porque iban cantando la misma canción.


Sus cabezas fueron lo primero en chocar. Sus manos fueron las últimas en sentir contacto unas  con otras. Como inspiración macabra cantaron la canción que les había hecho caer de distracción, comenzarón a bailar. Entre la vereda, entre la calle, entre lo que existe y no. Bailaban para ellos, bailaban al compás de sus voces y de sus delirios.  Bailaban dentro de sus propios silencios y gritos, bailaban desesperadamente. Bailaban  para marcar el lugar en donde todo podría comenzar. 


Monsieur Periné. Monsieur Periné,

Aururu.

18 de febrero de 2012

Tontas Cartas~


Especialmente para el amigo de mi querida Mayrita,
Y para ella misma.

Donde estés, El día que fuese,  El mes que sea, El año que desconozco.

Tú,

¿Quién te crees que soy? ¿De qué crees que estoy hecha?  ¿No crees que merezca un poco de respeto?  ¿No pudiste escribirme algo más? ¿Dónde estás? ¿Estás vivo?
Sí, estás vivo. Lo puedo sentir. Por algún lado sé que estás vivo, que aún respiras, que aún permaneces esperando que el semáforo cambie a rojo para poder cruzar, que aún sigues perdiendo dos esferos al día, que continuas caminando jorobado. Nunca logré entender por qué despreciabas tu altura.

Ser alto no es un pecado y aun así si lo fuese no importaría demasiado. Importante sería que te aceptases como eres, que pudieras ver que más que un pecado es el destino mordiéndote los talones para que despiertes y saques provecho de la circunstancia. Pero el destino es meramente despreciado cuando todo se basaba en reglas, ¿no es así?
Para ti era así: todo debe basarse en reglas, para mí era así, para todo el mundo es lo mismo. Demasiadas bases, muchísimas restricciones, una libertad que se la disfraza de libertinaje para que nadie la disfrute. Una lata con abre fácil pero que te la colocan con el letrero de “prohibido abrir”. Todos bajo el mismo presionante techo de miles de leyes, de miles de pecados por evitar; rodeados de prejuicios que estrujaban nuestras ventanas y nos encierran en un cuarto de medio metro cuadrado. Todo el mundo… Todo el mundo… ¡Pero no somos todos el mundo, sabes! Sólo eres tú. Sólo soy yo. Eres quien eres, soy quien soy.

Ya ni siquiera sé realmente bien a qué me refiero. No puedo encontrar el hilo de una conversa coherente cuando te escribo. Quizá jamás lo hice. De alguna manera era demasiado  presionarte hablar contigo, es demasiado complicado escribirte cuando demasiados sentimientos se me amontonan y ni siquiera me permiten realmente respirar. Cuando asfixiantemente quiero gritar tu nombre, aun sabiendo que mi voz no escucharás más.
No te critico, no puedo hacerlo. No puedo criticarte rudamente por lo menos, porque los insultos que pasan por mi mente;  la furia que rodea mis manos, y me incita a escribirte furiosamente, simplemente es aplacada por algo más profundo… Algo negro.
Negro. Odias ese color. Demasiado fúnebre ¿no? Pero por el negro nos conocimos, ¿lo recuerdas? Yo buscando desesperamente un esfero  mientras estaba en la eterna fila de espera, tú detrás de mí. Yo pidiéndote un esfero y tú dándomelo. Posteriormente mi enojo dándose a conocer con apellido y linaje,  al saber que era un esfero de tinta azul. No puedo evitar reír en este momento, fue tan infantil dejar que aceleradamente mi descontrol se enfadara contigo por darme un esfero de tinta azul cuando buscaba uno de tinta negra que luciera elegante. Demasiadamente infantil. Pero por ese error infantil nos conocimos, ¿no? Por ese infantil error me dijiste tu nombre, me explicaste que el azul es incomprendidamente elegante y me ofreciste una disculpa.

¡Ahora deberías estar dándome una disculpa! ¡En este momento deberías estar llamándome! ¡En este momento por lo menos debería saber dónde estás! ¿¡Crees que soy de piedra, de hierro, de aluminio, de eugenol!? Eugenol. Tú me enseñaste ese extraño nombre del clavo de olor. ¿Crees que me puedes dejar con todos extraños nombres que me enseñaste para cosas simples, sin recibir consecuencias? ¿Crees que es tan simple como “desaparecer” para librarte de mí?

Parece que así lo crees porque te largaste con tus cuatro maletas a la nada. Sí, a la nada. Y no sé si fueron cuatro maletas, quizá fue un camión entero porque en tu dirección sólo se ve un letrero de “ARRIENDO O VENDO”. Tú teléfono está suspendido. Y es una hartera recibir correo electrónico de rebote indicándome que probablemente me equivoqué de dirección electrónica. Por esto mismo, te fuiste a la nada, desapareciste, ¡desapareciste!

Me pregunto si no tuviste tiempo de despedirte. Es decir, mira hemos convivido más de 5 años juntos por lo menos por eso deberías tener la decencia de un “hasta siempre”. Yo sé, y te lo he dicho, que al principio ni siquiera me agradabas, y que tener un compañero 9 años mayor que yo en medio de la clase era algo un poco extraño, en medida de que seguramente no se experimentaban casos así todos los semestres en la mayoría de universidades del sector. Es perfectamente anormal diría yo, pero lo que sea o no sea “normal” creo que ya deja de interesar en este punto. Por esa discusión es que comenzó esto ¿verdad?

Yo conversando en un lado opuesto, frustradamente tratando de defender mi punto de la “inexistente normalidad”. Era estimulante la discusión, era excitante formar arcilla moldeable de las mentes de mis espectadores, estimulante el dominio de masas. Hasta que para poner alto a mis arrebatos de poder te adentraste en aquel dominio, en aquella conversación para ser mi letrero rojo en medio de la calle; que te obliga a detenerte sin importar cuán apresurado o picado estés. Oh sí, te comencé a odiar a ese momento no lo niego.

Pero como si fueran hilos finamente tejidos, se nos ponía una y otra vez juntos. Aunque es lo más probable que nuestros hilos sean de aquellos que se sobreponen, de los cuales están mal colocados, errores, suposiciones, alteraciones en el sistema.  Estas alteraciones, estos caminos interminablemente entrecruzables me permitieron saber que: te odiaba por algunas razones, que te comencé a estimar por interminables contradicciones, que te comencé a querer por inentendibles explicaciones y que finalmente te comencé en algún momento a amar porque fue imposible no hacerlo.

Que comencé a amar tu mundo, comencé a amar tus sueños, tu incansable esfuerzo, tus problemas, tus rebeldes cabellos, tu maleta negra, tus esferos de azul, tus manos temblando cuando tenías nervios; te comencé a amar aun sabiendo que no sólo era la casi década que nos separaba, sino también la ley.

Esa ley que tanto amabas, que idolatrabas, que seguramente idolatras. La ley que te mantenía ya atado, aquella que me escribía en letras gigantes y que gritando me decía que no eras libre. Una ley que no sólo me decía que estabas casado, sino que tu pequeño hijo seguramente te esperaba en casa todos lo días, que me decía que mi imaginación era un ilegal imperfección en el mundo ideal que tu tanto soñabas.

Un mundo que quisiera haber podido soñado junto a ti.
Me pregunto si yo no te hubiera pedido una respuesta aún seguirías aquí, me pregunto si no hubieras desaparecido si no te hubiera hablado. Aún me cuestiono si a pesar de todo realmente si no hubiera mencionado nada podrías haber seguido siendo amigos. Sólo amigos. Sólo amigos. No, no era una opción considerable para mí, no quería ser sólo tu amiga, no quería. Ahora quizá lo estoy reconsiderándolo… Porque es una opción más alentadora que lo que estoy viviendo ahora, algo más alentador que no volverte a ver nunca jamás.

…..

Pero ese lado tuyo que te pide responder al desvalido te impidió irte limpiamente ¿no? Puedo reconocerlo: es una hoja de tu agenda. Pude palpar vivientemente la fuerza del escrito. Dos palabras. No eran las ocho letras que esperaba en mi buzón, estas ocho letras de dos palabras: “Lo siento”.

No. Fueron nueve letras. Aunque igualmente dos palabras. Rodeadas no sólo por un gran espacio vacío, sino por el infinito de las emociones, rodeadas por el perenne destino de magia negra. Una magia negra que para ti representaba un pecado, un deseo un sentimiento que no querías aceptar.

Así pues que estoy aquí, sentada en medio del parque con la nota en mi bolsillo. La nota de la respuesta que esperaba. La contestación a mi tan furioso “Te amo”.  Este papel arrugado en mi bolsillo que tenía escrito: “Yo también”.  

Lo repito eres un idiota. Un gran enorme idiota.

Y yo aquí estoy sentada escribiéndote una carta que más que odio, que más que tristeza es nostalgia. Porque tú lo sabes, porque yo lo sé.  No soy tu “media naranja”, no eres mi complemento.  Somos simplemente uno. Llámalo destino, brujería, voluntad de Dios, el cosmos, mundo espiritual, tonterías. Pero es así. Yo fui creada para ti. Tú eres mío. Una sola esencia.

Yo lo siento, lo puedo percibir casi palpable. ¿Por qué el tiempo no nos reunió en el momento adecuado? ¿Por qué escapa de nuestras manos el agua de vida? ¿Por qué no nos rencontramos antes? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¿por… qué?

Sé que probablemente  no leerás esto, sé que probablemente yo romperé este viejo papel, sé que probablemente quieres ignorar todo esto. De cualquier manera no importa, si no te escribía me hubiera pulverizado en este instante, hubiera desaparecido en con la incansable brisa.

Y por ahora yo no quiero desaparecer. Carece de interés para mí desaparecer en estos momentos Quiero vivir, quiero buscarte, quiero acosarte, encontrarte, golpearte. Quiero verte de nuevo. Porque maldito idiota, yo…yo siempre te amaré.

Siempre…,

Yo.
"¿Cónoces sus nombres? Pues yo sí.",

Aururu

27 de septiembre de 2011

Acelerada~


" ¿Recuerdas aquel inverosímil vértigo que parecía realmente más producto de una teatrización magistral, en lugar de un verdadero miedo? 
Déjame decirte algo: No temo a las alturas, tenía temor de morir "cayendo" . Porque aunque sería brutalmente delicioso, la sensación se iría en aproxidamente 10 segundos de caída calculando el viento y las condiciones de velocidad y aceleración; además creo que la cinemática no encajaría perfectamente con la muerte. 

La cinemática es técnica y físicamente el más simple de los estudios dentro de una ciencia . La muertes es simple, pero técnicamente es el más complicado de los estudios sin perspectiva de ciencia alguna. 

Pero de alguna manera podría verse conectadas esas dos. Cinemática y la Muerte. Porque la muerte no importa el tiempo, no importa las condiciones, de alguna u otra manera es acelerada. En una exhalación, en un breve período, hace que las condiciones pasen de Uniformes a Variadas. 

¿Y por qué hablábamos de cinemática? ¡Ah, es cierto! 
Porque no me creías ese vértigo de mi mente, que tan vívidamente mi cuerpo expresaba. Quizá si te lo hubiera comprobado matemáticamente me lo hubieras creído. Siempre eras tan apegadx a la lógica. 

Ahora ya no importa.

Porque aunque te lamentes de no haberme creído.Y aunque analices las posibilidades que hubieran podido ocurrir, justo ahora ya nada puede cambiar.

Así que rápido, trata que el auto que viene después del semáforo verde no atropelle mi cuerpo inmóvil después de 10 metros de caída. 

Porque llanamente no debí haberte seguido hacia el filo del inseguro mirador  cuando me dijiste señalando la plazoleta del frente:
- Veamos más cerca esa lejanía de las interminables rosas  "

Crónica desde la torre norte del reloj de la Basílica del Voto Nacional, Quito 30 febrero del 2011.


¡Ya está podrida la miel de las rosas! - Ignacio Lasso ,

Aururu


6 de julio de 2011

Little bad girl~


Gritaron mi nombre en medio del ruido ensordecedor. Volteé mi cabeza para tratar de escuchar lo que me decían. No había sonido alguno, el total ruido sobre el cerrado espacio me impedía tan siquiera concentrarme, intenté leer los labios de la persona que me hablaba pero fue otra pérdida de tiempo porque las intermitentes luces no me permitían ver una palabra completa. Entonces sólo me quedó seguir continuamente una seña.
Hombro, Antebrazo, Brazo, Muñeca, Mano, Dedo índice, el vacío... y en medio del vacío de la multitud, .
La música paró.Mi consciencia se desprendió.


Automáticamente comencé a caminar hacia ti. Aparté a cada estorbo en mi camino. Y sin darme cuenta empecé a correr, a empujar, a desprender a la multitud porque te tragaba. Te consumía, te adentraba, te seducía, hacía que bailes para hambrientos estorbos.

Derecha, izquierda. Izquierda, derecha. Manos Arriba.

Y me perturbaba más a cada instante que veía que lo hacías. Una secuencia, una suculenta secuencia. Deseaba que siguieras haciéndolo. Deseaba que siguieras bailando, moviéndote, disfrutando, pero no para ellos. No pare ellos, mi pequeña niña mala. Lucías extremadamente coordinada, me preguntaba si estabas consciente de los movimientos que hacías. Y mientras me lo cuestionaba era aún más desesperante.  Y mi mano te tocó. 

¿Asustada? ¿Sorprendida? ¿Extasiada? ¿Perturbada? ¿Feliz? No supe descifrar tu expresión. Sólo logré observar tus inquisitivos ojos,  tu sonrisa, y tus labios moviéndose en una sola palabra: "Házlo". 


Parpadeé. Y me descubrí mi cuerpo estático. Mi mente analizó que todo aquella corrida había sido una ilusión, mi acercamiento. Pero, la desesperación no era una ilusión, tú movimiéndote como  elegida de los dioses no era una ilusión, tus ojos penetrándome no eran una ilusión, y aquel movimiento de labios tampoco.

Dos segundos después mi cuerpo se movió sin sentido alguno, verdaderamente hacia ti. 


Go Little bad girl,

Aururu.

5 de julio de 2011

Higher~


Cerrando mis ojos me dejé envolver por los palpitantes sonidos. Y la habitaciòn oscureció, la lámpara se esfumó, las cortinas desaparecieron y tan coloridas luces aparecieron en mi mente. Y comencé a danzar sin sentido alguno y más aún sin saber si lo hacía bien. La música me llevaba despacio, para súbitamente trasportar mis piernas a estrómbitos movimientos, que mis caderas las seguían. Levanté mis manos, gritando las palabras de la insensata canción que tan sólo me llevaba.
Más alto, más alto, ¡Más alto!. Mi alma se me desprendía al dejarme llevar tan sólo por el ritmo de la canción. Trantando de ignorar todo, a todos.
Pero la ilusión se terminó súbitamente, como el roce casi sensual de las ondas rítmicas que invadían mis oídos. Inmediatamente activé el botón para que suene la próxima melodía.

Next.

Me tenía que seguir dopando con música, eso me ayudaría a no caer llorando de rodillas.

It´s taken me higher off the ground,

Aururu

19 de febrero de 2011

Mensajes~

El frío era más que insoportable. Incluso el viento que delicamente imita silbidos pareciera que gritaba. Decidió irse inevitablemente a prepararase un té caliente. Apagó la luz y colocándose un abrigo para solamente dirigirse a la cocina, se percató que tenía varios mensajes en su aparato móbil. 

Dirigiéndose por instinto común a prepaparse la caliente bebida los comenzó a leer, eran más de 15. Suspiró a ver el remitente, y quizo de inmediato borrarlos pero el hecho de que fueran más de 15 mensajes la impactó, deciéndose darle una oportunidad de leerlos.

"Hola, sé que no quieres hablar conmigo pero aún así quería escribirte"

"Aunque técnicamente no estas hablando pues sólo lees, así que no cuenta."

Jamás había aprendido realmente a abreviar en un mensaje de texto, así que no se extrañó a leer este tipo de mensajes. Mientras colocoba el agua en la estufa tomó asiento en la silla más próxima para seguir leyendo qué barbaridades pudo impulsarle a que le escribiera más de 15 mensajes de texto el lugar de llamarla. Bueno sabía que no contestaría después de todo...

"Hola, soy yo de nuevo. Emh, el real motivo del mensaje era para desearte una buena noche."

"Para desearte una buena noche, y que puedas dormir bien y tranquila."

"De seguro espero que puedas dormir tranquila, pero eso no más era. Nos vemos pronto."

"O por lo menos yo realmente espero que nos veamos pronto. Abrazos y bendiciones."

"Sé que no te guste que meta a mi religión en cada asunto, pero a veces es inevitable"

Ja, su religión. Su religión no era el problema y siempre se lo había dicho, repetido y explicado. Se enfado un poco, y el enfado irónicamente calentó su cuerpo por breves instantes. El agua comenzaba a calentarse en la estufa. 

"Inevitable. Es inevitable como recordar ¿no crees? Recordar generalmente es inevitable"

"Al menos los recuerdos son inevitables, porque podemos ignorarlos"

"Lo que siempre hacía y hago ¿no?.... Ignorar lo que me rodea"

"Pero no era lo que me rodea, sino lo que me hacía daño."

"Y no... ese no es el punto... el punto es que.... No sé cómo es que tú ahora puedes ignorarme"

Alzó su vista, el agua aún no empeza a hervir. Un buen té siempre tiene que ser preparado en agua hierviendo en fuego lento.

"Sí me ignoras, porque yo puedo ignorar y no recorda varias cosas. pero ahora tú me"

"ignoras, con todas las letras posibles. Habidas y por haber, me ignoras desde el"

"momento en que te dije que amaba a esa persona. Y ahora no quieres hablarme"

"Y me pregunto por qué es, no contestas mis emails, no contestas mis llamadas,"

"Y cuando te veo me evades, ¡me evades!. Y me tocó recurrir a este medio que sa"

"bes que en verdad destesto utilizar, pero no había otro medio..."

La respiración de ella se acompasó al agua ahora hirviendo, porque el remiente se había dado cuenta de  lo que estaba haciendo. Maldición, maldición. Y la tetera que pitaba. Irritante tomó una taza y se preparó el té que ahora seguramente ya n ole servía después de la emoción de tanto sentimientos juntos.

"¿Por qué me ignoras, ah? Por qué..... quizá, y no sé si estoy bien te"

"haya dolido que ame a otra persona, pero debes entender, comprende"

"Comprende"

No había más mensajes. Dejó a un lado el celular y se permitió hundir su cara en sus manos. Era una sensación extraña. Como si su saliva se volviera instaneamente amarga y lo más doloroso que puede pasarse por la garganta. El olor al té subía por sus sentidos, y se impulsó a lanzarlo al lavabo, derrándose todo e increíblemente sin romper la taza.

Quería sollozar pero su orgullo era más fuerte. Así que se permitió hacer lo que quizá la haría sentir peor pero por lo menos la reestablecería. Se permitió recordar su aroma... Mas el anterior aroma de te negro , había noblado su olfato.

Chilló al aparente vació.

Y un instante pudo recordarlo de nuevo. O creyó hacerlo al instante que se daba cuenta que no lo estaba recordando, lo estaba percibiendo.


-Celosa... - susurró en su oído abrazándola. - ¿Creeíste que la prefería encima tuyo?

No obtuvo respuesta. Ella se preguntaba cómo es que el remiente había entrado, obtiendo la respuesta instantánea que ella misma tiempo atrás le había donado una copia de las llaves para casos de "emergencia" Sin habla rodeó su cuerpo dejando que un apagado sollozo se le escapara. 

-¿Realmente crees que yo no te ama...

-Cállate 

-¿Ah?

-Cállate y déjame grabarme tu aroma.

Dicen que el sentimiento más cercano al recuerdo, es el olfato.



Bailen, bailen mis prestadas niñas.       ,

Aururu


4 de febrero de 2011

Arboleda~

Cuando vi aquel árbol lo primero que noté fueron los corazones dibujados, esos corazones del supuesto inquebrantable juramento de "amor eterno". 
-Mira- te dije tocando uno de aquellos corazones grabados en el árbol.
No mencionaste nada sólo sonreíste. Pedí que te sentaras, apoyadx en el árbol, lo hiciste de inmediato, yo me apoyé al instante en ti.
-Me parece de lo más vomitivo esos corazones - hablé de nuevo.
-Lo sé - repusiste con una sonrisa a medias que pude notar por el rabillo del ojo. Sabía que te gustaría hacer algo de eso, lo sabía. 
-¿No te gustaría que....? -colocaste un dedo encima de mis labios.
-Mi amor - repusiste con calma - claro que me gustaría..., no sé...., emh,  tener mi nombre y el tuyo grabado así para siempre, pero...
-¿Pero...? - repetí sintiendo tu aliento más cercano.
-Algo más nos unirá.
-¿Incluso aunque esto termine?
-Por supuesto, incluso si esta relación termina ya estamos enlazadxs.... - acariciaste mi rostro, quería detenerte la gente nos miraba, pero sinceramente en ese momento no me importaba. - ¿Tú no siempre me lo repites? Que el amor siempre nos mantendrá enlazadxs.

Me di cuenta que así era, que siempre te decía eso. Que a pesar de que sabía que terminaría, algo siempre de alguna manera nos enlazaría pues por algo nos habíamos cruzado. 
-Tienes razón - sonreí - Mucha razón.

Como si el hilo rojo del destino pudiera realmente existir.

"La única fuga posible es la memoria" - Martha Pereira.,

Aururu

1 de febrero de 2011

Alguien~

-Ponle a la puerta seguro.
-Sospecharán.
-Que sospechen, me da igual, porque para entonces ya te poseeré.



¿Cómo no era posible que con tan directas palabras no me convencieras? Aún recuerdo la puritana figura que tenía de ti. La castidad personificada, era mi pensamiento inmediato al verte y me castigaba al osar imaginarme contigo en las más deliciosas situaciones. 
Incluso a veces me reprendo a mí mismx por haberte enseñado a eliminar tu inhibición, como si yo te hubiera depravado de una forma delicada, tan despacio que tu mente no tuvo verdadero tiempo para percibirlo. 
Mas en el fondo me atrevo a creer que siempre fuiste tan pervertidx. 


Y me encanta.


"Necesito respirar tranquilamente, necesito tu calor, tu aroma, un beso tuyo...",

Aururu